El tango es un pequeño mundo, y aunque una viva en China y la otra en España, dos milongueras amigas se terminan juntando de nuevo sin planearlo. Hacía casi dos años que ella y yo no coincidíamos y a pesar de que no pudimos estar juntas mucho tiempo porque cada una tenía sus compromisos e intereses, hubo una noche en la que pasamos un buen tiempo juntas, charlando sobre nuestra vida, y cómo no, de la milonga, los milongueros y de lo fácil o difícil que era conseguir que te invitaran a bailar. Ella no usaba el cabeceo, a pesar de que sabía de su existencia. Me confesó que le resultaba incómodo mantener la mirada, que le daba vergüenza. Lo comprendí, seguramente era algo cultural.
Quise ayudarla y le expliqué todo lo que sabía, y le hablé de mi experiencia con el cabeceo. Así que le conté cómo recuerdo las primeras veces que usé el cabeceo y cómo al igual que a ella, me resultaba algo incómodo: no sabía cómo hacerlo. Pero luego aprendí lo que todas las milongueras con experiencia saben ya:
1. Hay que observar la pista y elegir a las personas con las que te apetece bailar.
2. Una vez localizados los milongueros que te interesan, debes seguirles con la mirada al finalizar la tanda para ver su ubicación.
3. Si puedes acortar distancias, mejor.
4. Le buscas con la mirada y la mantienes.
5. Esperas a que él mire hacia ti y te cabecee, que hará solo si él también quiere bailar contigo (si le sonríes mientras le miras, casi seguro que obtienes el cabeceo).
6. Si él no quiere bailar contigo o no te ve (lo notarás porque mira hacia otro sitio o no fija su mirada en ti), buscas con la mirada al siguiente de tu lista.
Además, como muchas milongueras, soy miope, así que en mis inicios en el cabeceo, sin gafas ni lentillas, lo tenía algo difícil. Al principio iba con gafas, y tan pronto como recibía el cabeceo, las dejaba sobre una mesa, y al terminar la tanda, regresaba a por ellas. Luego, me acostumbré a las lentillas y mi vida de milonguera mejoró considerablemente.
Como en todas las experiencias, de vez en cuando hay malentendidos, así que alguna vez me he encontrado a dos chicos delante mio creyendo ambos que acepté su cabeceo. Pero también me ha sucedido de ir a encontrarme con un chico después de un cabeceo y descubrir que no soy la única que ha salido a su encuentro. Con el tiempo aprendes a quedarte en tu lugar después del cabeceo, mirándole, y esperar a que ya a casi un metro de ti, te haga un segundo cabeceo o te sonría o te ayude a incorporarte a la pista.
Una vez que le expliqué todo esto a mi amiga, la animé a practicar y para su sorpresa, no se le daba nada mal. Fue divertido ver su cara cuando al primer chico al que ella
miró con una sonrisa de oreja a oreja, le cabeceó: casi se pone a dar saltos de alegría mientras él la acompañaba a la pista. Unas horas más tarde me
abrazaba emocionada contándome todo lo que había bailado y las buenas
tandas que había disfrutado.
Tendré que montar una escuela de cabeceo: y eso que doy consejos, para para mí pocos vendo.
Curiosidades y anécdotas de momentos vividos en la milonga a través de los ojos y experiencias de una milonguera.
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lunes, 20 de abril de 2015
lunes, 29 de diciembre de 2014
En un papelito
Era una milonga de tarde en las que daban picoteo, así que la gente entre aceituna y aceituna, charlaba, se iba conociendo. Me encantan estas milongas, no solo por la comida, sino por el horario ese en el que me encuentro más descansada y relajada, en el que todo el mundo está de un talante tan diferente al de la noche.
Tras el picoteo me quedé sentada en una de las sillas que bordeaban la pista, hablando con una amiga con la que me había encontrado y a la que hacía ya tiempo que no veía. La música invitaba a bailar y el ambiente también así que al finalizar una tanda y comenzar la otra, hice una pausa a la conversación y miré a los milongueros con los que me apetecía bailar la tanda que comenzaba. Pero miré demasiado tarde. La mayoría de ellos ya empezaban a dirigirse a la pista supongo que tras invitar por cabeceo. Como la tanda no era de mis favoritas, tampoco le di importancia y continué mi charla.
Fue entonces cuando se acercó un chico al que conozco y con el que bailo de vez en cuando y me dio un papelito. Mi cara de sorpresa seguro que no tuvo precio. Fue como volver a esos tiempos del cole en el que el chico de la fila de atrás te escribe en un papelito para quedar o decirte que estás muy guapa, o tu amiga para contarte algún cotilleo. ¿¿¿Pero en la milonga???
Así que toda curisosa abrí el papelito como si se tratara de un caramelo y leí: "cabeceo, por favor". Me dio un ataque de risa. Fue un buen toque de atención a que no miro lo suficiente o a que hablo demasiado. Obviamente él había estado buscándome con la mirada pero yo estaba en las nubes, eso seguro. Como él sabe que me gusta bailar con él, tuvo la ocurrencia de invitarme y retarme al mismo tiempo. Muy ingenioso y divertido, por cierto.
Tras el picoteo me quedé sentada en una de las sillas que bordeaban la pista, hablando con una amiga con la que me había encontrado y a la que hacía ya tiempo que no veía. La música invitaba a bailar y el ambiente también así que al finalizar una tanda y comenzar la otra, hice una pausa a la conversación y miré a los milongueros con los que me apetecía bailar la tanda que comenzaba. Pero miré demasiado tarde. La mayoría de ellos ya empezaban a dirigirse a la pista supongo que tras invitar por cabeceo. Como la tanda no era de mis favoritas, tampoco le di importancia y continué mi charla.
Fue entonces cuando se acercó un chico al que conozco y con el que bailo de vez en cuando y me dio un papelito. Mi cara de sorpresa seguro que no tuvo precio. Fue como volver a esos tiempos del cole en el que el chico de la fila de atrás te escribe en un papelito para quedar o decirte que estás muy guapa, o tu amiga para contarte algún cotilleo. ¿¿¿Pero en la milonga???
Así que toda curisosa abrí el papelito como si se tratara de un caramelo y leí: "cabeceo, por favor". Me dio un ataque de risa. Fue un buen toque de atención a que no miro lo suficiente o a que hablo demasiado. Obviamente él había estado buscándome con la mirada pero yo estaba en las nubes, eso seguro. Como él sabe que me gusta bailar con él, tuvo la ocurrencia de invitarme y retarme al mismo tiempo. Muy ingenioso y divertido, por cierto.
miércoles, 9 de julio de 2014
Tierra trágame
Me acuerdo que hace tiempo estaba en una milonga, sentada junto a una columna, en primera línea de pista, junto a otras tres milongueras. Todas mirábamos hacia una esquina en particular, cerca de la entrada, donde había un grupo de milongueros listos para bailar. Cada una buscaba su cabeceo.
Hubo un hombre que cabeceó a alguna, aunque ninguna de nosotras sabíamos fijo a quien. Aún así una de las milongueras junto a mi, que vestía una falda verde, se levantó y se dirigió a la pista. Al yo no tener claro a quien iba dirigido el cabeceo, no me levanté. Me habían enseñado que cuando un hombre te cabecea y siempre y cuando haya más milongueras a tu lado, no es buena idea dirigirte a la pista para esperarle, sino seguirle con los ojos, y cuando él se acerca, si es a ti a quien ha cabeceado, lo hará de nuevo cuando esté a un metro o dos de ti, para que no haya duda alguna.
Yo estaba convencida de que me había cabeceado a mí, pero frené mis impulsos de levantarme. Y menos mal. Lo primero, porque él pasó de largo junto a la milonguera de la falda verde, que ya lo esperaba en la pista, creyendo que era a ella a quien había invitado, y se acercó a nosotras. La mujer de verde se quedó sorprendida, molesta y algo avergonzada por la metedura de pata, pero aun con ese gesto de "tierra, trágame", disimuló como pudo y se fue al baño. Y lo segundo, porque para mi asombro, al acercarse a nosotras, se dirigió hacia la milonguera del vestido gris que estaba a mi derecha para saludarla, gesto que hizo que ella se levantara pensando que la invitación era también para ella, y se tuviera que sentar de nuevo al darse cuenta de que el extendía su mano hacia la siguiente chica a su lado, que iba vestida con una falda negra y un top rojo, que lo miraba sorprendida.
A ver, malentendidos suceden, pero que sean cuatro chicas las que te interpretan mal la invitación de un milonguero.. ¿no es un poco extraño? Quizás deberían enseñar a los milongueros, así como a milongueras como yo nos enseñaron a no movernos de la silla hasta estar al 100% seguras, a no ser tan dispersos en sus invitaciones.
Hubo un hombre que cabeceó a alguna, aunque ninguna de nosotras sabíamos fijo a quien. Aún así una de las milongueras junto a mi, que vestía una falda verde, se levantó y se dirigió a la pista. Al yo no tener claro a quien iba dirigido el cabeceo, no me levanté. Me habían enseñado que cuando un hombre te cabecea y siempre y cuando haya más milongueras a tu lado, no es buena idea dirigirte a la pista para esperarle, sino seguirle con los ojos, y cuando él se acerca, si es a ti a quien ha cabeceado, lo hará de nuevo cuando esté a un metro o dos de ti, para que no haya duda alguna.
Yo estaba convencida de que me había cabeceado a mí, pero frené mis impulsos de levantarme. Y menos mal. Lo primero, porque él pasó de largo junto a la milonguera de la falda verde, que ya lo esperaba en la pista, creyendo que era a ella a quien había invitado, y se acercó a nosotras. La mujer de verde se quedó sorprendida, molesta y algo avergonzada por la metedura de pata, pero aun con ese gesto de "tierra, trágame", disimuló como pudo y se fue al baño. Y lo segundo, porque para mi asombro, al acercarse a nosotras, se dirigió hacia la milonguera del vestido gris que estaba a mi derecha para saludarla, gesto que hizo que ella se levantara pensando que la invitación era también para ella, y se tuviera que sentar de nuevo al darse cuenta de que el extendía su mano hacia la siguiente chica a su lado, que iba vestida con una falda negra y un top rojo, que lo miraba sorprendida.
A ver, malentendidos suceden, pero que sean cuatro chicas las que te interpretan mal la invitación de un milonguero.. ¿no es un poco extraño? Quizás deberían enseñar a los milongueros, así como a milongueras como yo nos enseñaron a no movernos de la silla hasta estar al 100% seguras, a no ser tan dispersos en sus invitaciones.
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viernes, 27 de junio de 2014
Una vez más, hablamos del cabeceo
En
la milonga, esconderse sirve de poco. Fingir que no ves a alguien, sirve de lo mismo. Lo curioso es que algunos no captan
el mensaje, o mejor dicho, no quieren captarlo. Hay hombres que se
empeñan en conseguir su objetivo a cualquier precio, es decir, una milonguera con la que ellos quieren bailar, ignorando los códigos, y forzando situaciones. La excusa
es que el cabeceo no se estila en Europa. La verdad es que a algunos no
les conviene que se estile porque así tienen la opción de poner en
compromiso a más mujeres, que educadas para complacer, la mayoría no
sabe declinar una invitación o se siente mal al hacerlo, y finalmente aceptan por
evitar una situación incómoda.
Ahora bien, también hay mujeres que hacen exactamente lo mismo. Se amparan en esa afirmación de que el código de la milonga es machista y lo que hacen es imponer ellas de igual manera su "invitación", ya que de no hacerlo, sus posibilidades de bailar, y más aún de hacerlo con aquellos bailarines con quienes ellas quieren, decrecen considerablemente.
Creo que esta es una razón de peso por la que a mucha gente no le gusta el cabeceo. A mi, sin embargo, me parece una buena solución ya que con este método de invitación ambos eligen por igual. Yo como mujer, si no quiero bailar con un hombre, no le miro y punto; si quiero bailar con un hombre, le miro y con suerte me mirará y me cabeazará. Él hará exactamente lo mismo con las mujeres con las que quiere bailar. Si no lo hace, significa que prefiere bailar otro tipo de música conmigo, o que prefiere bailar con otra, o que no quiere bailar conmigo. Todo bien, sea la razón que sea. ¿Es tan difícil seguir un código que evita situaciones incómodas y pone en compromiso a otras personas?
Afortunadamente para el tango, cada vez hay más mujeres y hombres que declinan invitaciones con naturalidad. Ahora lo que falta es que nadie se ofenda ni se enfade. Quien invita, arriesga, aunque también es sabido que quien no arriesga, nada consigue. Es elección de cada persona de forma individual el invitar o no hacerlo, pero sería interesante ser consecuente con ello: si eres hombre y te gusta que te inviten también, tendrás que aprender a decir "no" de vez en cuando; si eres hombre y no te gusta que te inviten, acepta que tú invitarás pero ella, con el mismo derecho de elegir que tú te otorgas, elegirá y aceptará o no tu invitación; si eres mujer y no invitas porque les cedes a ellos ese privilegio, tendrás que esperar a recibir invitaciones que puede que no lleguen pero como premio, tendrás todo privilegio y derecho de rechazar invitaciones si así lo deseas; si eres mujer e invitas, al igual que ellos, acepta que tú invitarás pero él, con el mismo derecho de elegir que tú te otorgas, elegirá y aceptará o no tu invitación.
Ahora bien, también hay mujeres que hacen exactamente lo mismo. Se amparan en esa afirmación de que el código de la milonga es machista y lo que hacen es imponer ellas de igual manera su "invitación", ya que de no hacerlo, sus posibilidades de bailar, y más aún de hacerlo con aquellos bailarines con quienes ellas quieren, decrecen considerablemente.
Creo que esta es una razón de peso por la que a mucha gente no le gusta el cabeceo. A mi, sin embargo, me parece una buena solución ya que con este método de invitación ambos eligen por igual. Yo como mujer, si no quiero bailar con un hombre, no le miro y punto; si quiero bailar con un hombre, le miro y con suerte me mirará y me cabeazará. Él hará exactamente lo mismo con las mujeres con las que quiere bailar. Si no lo hace, significa que prefiere bailar otro tipo de música conmigo, o que prefiere bailar con otra, o que no quiere bailar conmigo. Todo bien, sea la razón que sea. ¿Es tan difícil seguir un código que evita situaciones incómodas y pone en compromiso a otras personas?
Afortunadamente para el tango, cada vez hay más mujeres y hombres que declinan invitaciones con naturalidad. Ahora lo que falta es que nadie se ofenda ni se enfade. Quien invita, arriesga, aunque también es sabido que quien no arriesga, nada consigue. Es elección de cada persona de forma individual el invitar o no hacerlo, pero sería interesante ser consecuente con ello: si eres hombre y te gusta que te inviten también, tendrás que aprender a decir "no" de vez en cuando; si eres hombre y no te gusta que te inviten, acepta que tú invitarás pero ella, con el mismo derecho de elegir que tú te otorgas, elegirá y aceptará o no tu invitación; si eres mujer y no invitas porque les cedes a ellos ese privilegio, tendrás que esperar a recibir invitaciones que puede que no lleguen pero como premio, tendrás todo privilegio y derecho de rechazar invitaciones si así lo deseas; si eres mujer e invitas, al igual que ellos, acepta que tú invitarás pero él, con el mismo derecho de elegir que tú te otorgas, elegirá y aceptará o no tu invitación.
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miércoles, 14 de mayo de 2014
Déjate cabecear
Hay unos consejos que siempre te dan para bailar en aquellas milongas en las que se siguen los códigos milongueros y en las que el cabeceo es la forma más habitual de invitar. Lo que yo he aprendido, aunque eso no quiere decir que lo ponga en práctica siempre, es todo esto:
* No hay que cruzar las piernas y brazos. Lenguaje corporal de libro: indican actitud defensiva o negativa. Es difícil que alguien se sienta cómodo y tentado a invitar a una persona que esté en esa actitud. Pero tampoco soy partidaria de poner las piernas en paralelo y las palmas de la mano encima, como una niña buena atendiendo en clase, ya que el mensaje que envía es más bien de ansiedad por bailar y de bancarse cualquier cosa. Digo esto porque me dieron este consejo una vez.
* Hay que sonreír de vez en cuando ya que si tienes "cara de pocos amigos", ellos se sentirán cohibidos y no te invitarán, o pensarán simplemente que tienen más posibilidades de ser rechazados y no se arriesgarán a mirarte más de dos segundos. Con lo propensa que yo soy a estar en medio de todos los accidentes en los que el daño colateral es mi propia persona, esta cara suele ser mi cara en muchas ocasiones, durante al menos el primer tango, después de sentarme con el cuerpo dolorido. Aunque aclaro que la "cara de pocos amigos" suele ser más bien para mí misma, por volver a hacer la estupidez de aceptar una invitación cuando tu sentido común te grita que no lo hagas.
* Hay que tomar la iniciativa y mirar activamente a aquellos hombres con los que te apetece bailar para que ellos te miren y te cabeceen, sobre todo al inicio de una tanda. Incluso, puedes cabecear tú. Si miras para otros lados o a la pista, entenderán que no estás muy interesada en bailar. Aquí os diré también que yo tengo mi propia forma de cabecear: le miro, le sonrío y le sigo mirando, y al final, el pececillo suele picar.
* Elegir el momento en el empieza una tanda justo para colocarte el pelo, cambiarte a otros zapatos más cómodos o bien buscar algo en el bolso, hace bastante complicado, o más bien imposible el cabeceo: se necesita un cruce de miradas para ello. Aunque mirado desde otro punto de vista, es la forma ideal para darle entender a alguien que te mira que no tienes intención de mirarle porque no quieres bailar con él. Otra cosa bien distinta es que el tipo se dé por aludido. A veces, simplemente se acerca y te dice: "te estoy cabeceando, ¡pero no miras!". Sin comentarios.
* Hablar y hablar y seguir hablando, tampoco es la mejor idea. El milonguero pensará que prefieres charlar a bailar. Esto lo hago siempre que no me gusta una tanda, y funciona de maravilla. Ahora bien, seré más sincera aún: lo hago casi siempre. Estoy en el "proceso de" dejar de hacerlo, pero todavía no he conseguido callarme más de cinco minutos seguidos a no ser que sea mientras como, mientras duermo... y bajo el agua.
* Sobra mencionar que ir al baño o a la barra justo cuando acaba una tanda y va a empezar la otra, o justo cuando ha empezado una, no es la idea más inteligente, ya que al regresar puede que el pescado ya esté vendido, y solo queden sentados aquellos con los que no te apetece bailar. El problema en realidad suele ser cuando la música es muy buena y no quieres perderte un tema, sino escucharlos todos, y luego ir corriendo al baño en la cortina.
* Es importante elegir un buen sitio donde sentarse o donde quedarse de pie. Las esquinas, donde nadie te ve, no son muy adecuadas, a no ser que sean al lado de una zona de paso. Suelen recomendar ir pronto para optar por una buena mesa, pero también se puede ir tarde -como a veces hago yo, dejar tus cosas en cualquier lugar discreto y quedarte de pie en un lugar estratégico. Una vez lo que hice fue fichar la silla de un chico con el que quería bailar, y como yo no tenía silla, me senté en la suya. Cuando regresó, me disculpé, charlamos... y al final me invitó a bailar. Fui un bicho, lo reconozco.
* Para aceptar una invitación solo tienes que sonreír, hacer un gesto de asentimiento con la cabeza, pero NUNCA moverte de tu sitio: puede que hayan cabeceado justo a la que tienes al lado o detrás y metas la pata pensando que te han invitado a ti. Cuando él esté cerca, te hará un segundo cabeceo con el que no tendrás duda alguna de su intención. Obviamente, lo se porque una vez salí a la pista junto a otra mujer... ¡y el cabeceo no era para mi! ¡horror de los horrores!
* Cuando aceptes una invitación, no lo hagas demasiado ansiosa, porque pensará que eres una novata de libro y que estás así de contenta porque nunca bailas. Aún así, tengo un amigo al que le gustan las mujeres efusivas al aceptar la invitación, porque dice que para él eso significa que la chica está deseando bailar con él. Y tiene razón, lo mires por donde lo mires. Yo lo hago a veces, cuando escucho una tanda que me vuelve loca y aparece uno de tus milongueros favoritos sonriendo, invitándote a bailar: ahí no me puedo controlar, ¡me comporto de forma casi indecente!
* No hay que cruzar las piernas y brazos. Lenguaje corporal de libro: indican actitud defensiva o negativa. Es difícil que alguien se sienta cómodo y tentado a invitar a una persona que esté en esa actitud. Pero tampoco soy partidaria de poner las piernas en paralelo y las palmas de la mano encima, como una niña buena atendiendo en clase, ya que el mensaje que envía es más bien de ansiedad por bailar y de bancarse cualquier cosa. Digo esto porque me dieron este consejo una vez.
* Hay que sonreír de vez en cuando ya que si tienes "cara de pocos amigos", ellos se sentirán cohibidos y no te invitarán, o pensarán simplemente que tienen más posibilidades de ser rechazados y no se arriesgarán a mirarte más de dos segundos. Con lo propensa que yo soy a estar en medio de todos los accidentes en los que el daño colateral es mi propia persona, esta cara suele ser mi cara en muchas ocasiones, durante al menos el primer tango, después de sentarme con el cuerpo dolorido. Aunque aclaro que la "cara de pocos amigos" suele ser más bien para mí misma, por volver a hacer la estupidez de aceptar una invitación cuando tu sentido común te grita que no lo hagas.
* Hay que tomar la iniciativa y mirar activamente a aquellos hombres con los que te apetece bailar para que ellos te miren y te cabeceen, sobre todo al inicio de una tanda. Incluso, puedes cabecear tú. Si miras para otros lados o a la pista, entenderán que no estás muy interesada en bailar. Aquí os diré también que yo tengo mi propia forma de cabecear: le miro, le sonrío y le sigo mirando, y al final, el pececillo suele picar.
* Elegir el momento en el empieza una tanda justo para colocarte el pelo, cambiarte a otros zapatos más cómodos o bien buscar algo en el bolso, hace bastante complicado, o más bien imposible el cabeceo: se necesita un cruce de miradas para ello. Aunque mirado desde otro punto de vista, es la forma ideal para darle entender a alguien que te mira que no tienes intención de mirarle porque no quieres bailar con él. Otra cosa bien distinta es que el tipo se dé por aludido. A veces, simplemente se acerca y te dice: "te estoy cabeceando, ¡pero no miras!". Sin comentarios.
* Hablar y hablar y seguir hablando, tampoco es la mejor idea. El milonguero pensará que prefieres charlar a bailar. Esto lo hago siempre que no me gusta una tanda, y funciona de maravilla. Ahora bien, seré más sincera aún: lo hago casi siempre. Estoy en el "proceso de" dejar de hacerlo, pero todavía no he conseguido callarme más de cinco minutos seguidos a no ser que sea mientras como, mientras duermo... y bajo el agua.
* Sobra mencionar que ir al baño o a la barra justo cuando acaba una tanda y va a empezar la otra, o justo cuando ha empezado una, no es la idea más inteligente, ya que al regresar puede que el pescado ya esté vendido, y solo queden sentados aquellos con los que no te apetece bailar. El problema en realidad suele ser cuando la música es muy buena y no quieres perderte un tema, sino escucharlos todos, y luego ir corriendo al baño en la cortina.
* Es importante elegir un buen sitio donde sentarse o donde quedarse de pie. Las esquinas, donde nadie te ve, no son muy adecuadas, a no ser que sean al lado de una zona de paso. Suelen recomendar ir pronto para optar por una buena mesa, pero también se puede ir tarde -como a veces hago yo, dejar tus cosas en cualquier lugar discreto y quedarte de pie en un lugar estratégico. Una vez lo que hice fue fichar la silla de un chico con el que quería bailar, y como yo no tenía silla, me senté en la suya. Cuando regresó, me disculpé, charlamos... y al final me invitó a bailar. Fui un bicho, lo reconozco.
* Para aceptar una invitación solo tienes que sonreír, hacer un gesto de asentimiento con la cabeza, pero NUNCA moverte de tu sitio: puede que hayan cabeceado justo a la que tienes al lado o detrás y metas la pata pensando que te han invitado a ti. Cuando él esté cerca, te hará un segundo cabeceo con el que no tendrás duda alguna de su intención. Obviamente, lo se porque una vez salí a la pista junto a otra mujer... ¡y el cabeceo no era para mi! ¡horror de los horrores!
* Cuando aceptes una invitación, no lo hagas demasiado ansiosa, porque pensará que eres una novata de libro y que estás así de contenta porque nunca bailas. Aún así, tengo un amigo al que le gustan las mujeres efusivas al aceptar la invitación, porque dice que para él eso significa que la chica está deseando bailar con él. Y tiene razón, lo mires por donde lo mires. Yo lo hago a veces, cuando escucho una tanda que me vuelve loca y aparece uno de tus milongueros favoritos sonriendo, invitándote a bailar: ahí no me puedo controlar, ¡me comporto de forma casi indecente!
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