jueves, 5 de diciembre de 2013

Esa primera tanda

Hay un chico llamado José que lee mi blog y fue el que me inspiró para escribir esta entrada, a raíz de un comentario que hizo un día sobre ese "pecado" que cometemos todos de presuponer las aptitudes que tiene o no la pareja de baile con la que elegimos para disfrutar de una tanda. También lo cometemos basándonos en lo que hemos oído sobre esa persona, por lo que esa misma persona nos dice, pero principalmente por lo que vemos.

Aquí precisamente está la clave de todo: lo que vemos. Cuando un hombre, baile como baile, sale a la pista, lo que ven los de fuera  -dejando a un lado que muchas veces lo que se ve no es lo mismo que lo que se siente-, es lo que cuenta. Si tiene una buena postura, todas las mujeres querrán bailar con él porque asumirán que baila bien; si su postura no invita, aún así no está perdido. Al ser un chico y por lo general estar en menor número con respecto a las chicas, marcará el nivel de las chicas con las que bailará, pero rara vez tendrá que bancarse injustamente tandas que no sean más o menos de su nivel a no ser que él lo elija así.

Sin embargo para la mujer es diferente, especialmente en la milongas a las que asiste por primera vez. Aunque ella elige también al aceptar o no una invitación o al usar el cabeceo, a veces, si quiere bailar tiene que aceptar una invitación a ciegas ya que las invitaciones no llegarán si no la ven bailar o no la conocen.  

Cuando una mujer, baile como baile, sale a la pista, lo que ven los de fuera sigue siendo lo que cuenta para obtener o no invitaciones y marca de forma escandalosa el nivel de baile de los bailarines que la invitarán durante la noche. Por eso mismo, el hombre que invita a una mujer a bailar la primera tanda de su noche, tiene una gran responsabilidad, ya que si la hace lucir mal aunque ella baile bien, la condena el resto de la noche. Por otro lado, si la mujer tiene poca experiencia y quien la invita la hace brillar más de lo que ella brilla por naturaleza, casi seguro que disfrutará de una maravillosa noche de tandas, casi todas probablemente por encima de su nivel de baile.

Normalmente se ve, al igual que con los hombres, si la mujer baila o no baila, por su postura, su pisada, su escucha, pero es el hombre el que tiene la capacidad de hacer lucir a una mujer o bien que parezca la reina de las patosas. Dicho esto, es triste decirlo, pero esa primera tanda que baila una mujer en una milonga, especialmente donde no la conocen, determina definitivamente su noche. Esta milonguera que escribe ha tenido noches desastrosas por este hecho, y por el mismo, noches maravillosas. Desgraciadamente, cuando nadie me ha dado la oportunidad de una tanda, he planchado toda una milonga: la milonga es cruel, especialmente con las milongueras.

1 comentario:

  1. Me halagas!!!!!! :) Fui yo quién te comento eso. :)

    Totalmente de acuerdo. Sucede así y es una pena. Pero sabes qué???

    No pienso caer en todos esos prejuicios. Al menos por mi parte estais salvadas. No voy a juzgar a nadie antes de sacarla, y puede q después tampoco.

    Bueno, me despido otra vez con el subidón de q me hayas citado, jajajajajajajajaja!!!!!

    JOSE

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