martes, 9 de julio de 2013

Palabra de honor

Ese fin de semana estaba de estreno. Estaba muy orgullosa de mi compra porque por menos de 12 euros había conseguido un precioso trozo de tela capaz de transformarse en falda, vestido palabra de honor, y vestido playero: en definitiva, una joyita.

Pero la joyita decidió desafiarme en la primera milonga en la que me la puse. Elegí la modalidad de vestido palabra de honor, que ajusté a mi cuerpo rodeando una tira a modo de lazo por debajo del pecho y esperando que el sujetador que me había puesto hiciera la magia suficiente para mantener el escote del vestido en su sitio. He de confesaros que la tela del vestido tenía mucha caída y era fina. 

 Llegué a la milonga encantada con mi vestido nuevo pero no pude lucirlo hasta que me invitaron a bailar la primera tanda, que es cuando me quité la chaqueta para bailar más cómoda. Tal era el frío que hacía en el local. Esa primera tanda la bailé con un chico con el que habitualmente bailo a gusto, pero ese día no fue así. Parecía como se hubiera vuelto más rígido o torpe, o quizás solo fue porque ambos  estábamos fríos, el ambiente no acompañaba, y la tanda tampoco. No disfruté de la tanda, pero la principal causa fue que en cada giro, en el abrazo cerrado en el que bailábamos, la fina tela de  mi "vestidito de diseño" se deslizaba hacia abajo cada vez más y más, declarándome oficialmente al guerra cuando tras subirlo discretamente y colocarlo de nuevo en su sitio, al instante siguiente volvía a desplazarse. No quise mirar al chico con el que bailaba para no hacerle pasar vergüenza, porque es evidente que veía más de lo que yo quería mostrar. Y ahora que lo pienso quizás por eso parecía estar tan torpe al bailar. Al final encontré la forma de enganchar el vestido al sujetador de forma discreta, pero el apaño no duró mucho, aunque sí lo justo para terminar la tanda.

Afortunadamente esa milonga estaba triste, sin gente apenas, hacía frío, y la mayoría de los bailarines en la pista no me atraían demasiado. No bailé ni una sola tanda más y me quedé sentada, charlando con mis amigos y sacando fotos de vez en cuando. Y obviamente pensando en soluciones para mi vestido: he decidido ponerle botones de clip o enganches, unos cosidos al sujetador y otros al vestido, así quedan como si fueran una solo pieza y no hay peligro de que el vestido vaya por libre. Ya os contaré el día que me ponga el modelito por segunda vez, eso sí, iré con otro vestido de repuesto por si acaso. ¡Debería tener la lección aprendida!

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