Una vez escribí sobre el abanico, con introducción incluida, explicando su origen. Como
bien sabeis, en las milongas es común el uso del
abanico por ambos sexos para refrescarse cuando hace calor, sobre todo después de una tanda. Obviamente lo que te refrescas es directamente proporcional a las agujetas que tienes en el brazo derecho al día siguiente, con lo cual a veces lo usamos también para combatir el aburrimiento intentando cerrarlo con elegancia de un golpe seco, claro que el desenlace final suele ser una nariz de un tono rojo escarlata de lo más poco favorecedor.
Aunque refrescarse es el único uso que yo conocía hasta hace poco del abanico, he de confesar que quizás pueda usarse también para hacer magia. Sí, he descubierto que los abanicos parecen poseer alguna extraña cualidad que les permite aparecer y desaparecer en cualquier momento.
Ojalá me sirviera para desaparecer yo misma tras el abanico a veces, es decir, ponerlo delante de mis ojos y desaparecer, como imaginaba de niña cuando no era un abanico sino mi mano la que ponía delante de mis ojos y creía que por el hecho de no ver a los demás, ellos tampoco me veían a mí. A veces incluso separaba uno o dos dedos para
dejar un hueco y poder curiosear y constatar que seguían sin verme. Es una pena que ya no sea esa pendejita inocente por mucho que a veces me comporte como tal y haga
algún intento por esconderme detrás del abanico, eso sí, sin éxito alguno.
En la milonga el qué hacer con el abanico cuando sales a bailar es todo un dilema. Algunos hombres lo llevan en el bolsillo trasero del pantalón cuando bailan para así poder usarlo entre tango y tango, cosa que me parece perfecta, sobre todo cuando una se sofoca un poco, recoje su pelo, se da la vuelta y le airean un poco la nuca. Otros, lo dejan sobre su mesa o cualquier lugar, para
poder usarlo en cuanto regresan de una tanda. Las mujeres también: algunas lo dejamos sobre la mesa, otras los guardamos en nuestros bolsos, sobre todo si son bonitos y buenos porque, por alguna extraña razón, estos últimos son los que más poderes mágicos tienen y desaparecen con más frecuencia que los demás. A veces no vuelven a aparecer, pero otras se da el milagro y la magia se vuelve reversible: vuelven a materializarse en el sitio donde estaban, o a unos cuantos metros, cuando la persona que lo había visto abandonado, queriendo aprovechar ese momento para darle uso, lo devuelve a su sitio antes de que el dueño/a lo reclame o simplemente cuando ya ve a alguna milonguera con cara de disgusto buscando su abanico.
Lo curioso en mi caso es que parece que tengo ojo para los abanicos mágicos: y los que me regalan y tengo especial cariño, tienen más poderes mágicos aún, pero no por quien me los regala, sino porque son los que menos tiempo me dan para memorizar su color y su tacto. Ya son cuatro los preciosos abanicos de colores que me han desaparecido a lo largo de mi vida de milonguera, así que he decidido que si algún día descubro a algún estudiante del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería por la milonga y resulta ser responsable de la desaparición de alguno de mis abanicos, la que va a hacer magia soy yo haciendo desaparecer alguno de mis abanicos por algún rinconcito mágico de su cuerpo.
Curiosidades y anécdotas de momentos vividos en la milonga a través de los ojos y experiencias de una milonguera.
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martes, 25 de agosto de 2015
domingo, 17 de mayo de 2015
Clases: muchas; milongas: cero.
¿Qué sentido tiene ir a clases por años y años y jamás pisar una milonga, que es la razón por la que supuestamente se toman clases? Me lo pregunto cada vez que oigo que en determinadas ciudades la comunidad de tangueros es elevada y, sin embargo, a la mayoría de ellos no se les ve nunca por las milongas locales ni de otras ciudades o países. Lo curioso es que hay grupos de alumnos que tras dos, tres, o cuatro años todavía pisan menos la milonga que los elefantes.¿Qué falla?¿Porqué no van? ¿Timidez?¿Van solo a la clase como irían a una clase de aerobic, para manternerse en forma?
Pero de vez en cuando, alguien nos sorprende.
Una vez descubrí a una mujer que parecía que había ido tan solo a curiosear porque no bailaba y estaba algo escondido. Hasta que el que parecía su profesor, la vio, la saludó, y al darse cuenta de que ella ya se iba, decidió invitarla, casi arrastrándola a la pista. Lo de esta chica era timidez absoluta. Vi cómo sus mejillas pasaban por todos los tonos de rojo posibles antes de regalarle su abrazo al borde de la pista y bailar una tanda a trompicones, invadida por los nervios. Volví a verla bailar más veces durante la noche, y también en la siguiente milonga y en todas las demás desde aquella vez. Supongo que hay gente que es tímida y le cuesta dar el paso.
Entonces, ¿porqué tampoco van a las milongas que organizan sus profesores con el único fin de que sus alumnos pierdan la timidez, ganen seguridad y practiquen? Otro misterio. Pienso que quizás el tango no les guste lo suficiente o tengan vidas complicadas u otros intereses...pero, ¿todos?
Otra vez también descubrí a un hombre que según comentó, acaba de separarse y quería socializar un poco, cambiar de aires. Había dos mujeres milongueras que no le quitaban ojo desde que había entrado, ya que los milongueros nuevos son algo así como una rareza en las milongas locales. Así que ellas se acercaron a darle la bienvenida, a conocerle. Como el no parecía tímido, explicó que él bailaba ya desde hacía tiempo porque hacía dos años que iba a clases. Ellas, ilusionadas porque además no parecía principiante, se aventuraron a invitarle, primero una, después la otra. Lo que él no les contó en su presentación es que jamás había estado en una milonga, que no sabía circular por la pista y que su baile, a pesar de sus dos años de clases, era muy justito. Aún así, las milongueras locales, muy voluntariosas, lo invitaron durante toda la noche para animarle y que practicara. Después de aquel primer día, también se le vio con frecuencia por la milonga. Desde entonces también ha mejorado bastante su baile.
Es lógico que la gente mejore su baile y disfrute cada vez más el tango según va aprendiendo, pero para ello no son suficientes las clases de tango, por mucho que estás se tomen durante años, si luego no se va a milonguear. Es milongueando donde se aprende a improvisar, a adaptarse a otros abrazos, se conoce gente con la que luego se baila y socializa, se mejora el conocimiento musical, y se aprenden los códigos de la milonga.
Pero de vez en cuando, alguien nos sorprende.
Una vez descubrí a una mujer que parecía que había ido tan solo a curiosear porque no bailaba y estaba algo escondido. Hasta que el que parecía su profesor, la vio, la saludó, y al darse cuenta de que ella ya se iba, decidió invitarla, casi arrastrándola a la pista. Lo de esta chica era timidez absoluta. Vi cómo sus mejillas pasaban por todos los tonos de rojo posibles antes de regalarle su abrazo al borde de la pista y bailar una tanda a trompicones, invadida por los nervios. Volví a verla bailar más veces durante la noche, y también en la siguiente milonga y en todas las demás desde aquella vez. Supongo que hay gente que es tímida y le cuesta dar el paso.
Entonces, ¿porqué tampoco van a las milongas que organizan sus profesores con el único fin de que sus alumnos pierdan la timidez, ganen seguridad y practiquen? Otro misterio. Pienso que quizás el tango no les guste lo suficiente o tengan vidas complicadas u otros intereses...pero, ¿todos?
Otra vez también descubrí a un hombre que según comentó, acaba de separarse y quería socializar un poco, cambiar de aires. Había dos mujeres milongueras que no le quitaban ojo desde que había entrado, ya que los milongueros nuevos son algo así como una rareza en las milongas locales. Así que ellas se acercaron a darle la bienvenida, a conocerle. Como el no parecía tímido, explicó que él bailaba ya desde hacía tiempo porque hacía dos años que iba a clases. Ellas, ilusionadas porque además no parecía principiante, se aventuraron a invitarle, primero una, después la otra. Lo que él no les contó en su presentación es que jamás había estado en una milonga, que no sabía circular por la pista y que su baile, a pesar de sus dos años de clases, era muy justito. Aún así, las milongueras locales, muy voluntariosas, lo invitaron durante toda la noche para animarle y que practicara. Después de aquel primer día, también se le vio con frecuencia por la milonga. Desde entonces también ha mejorado bastante su baile.
Es lógico que la gente mejore su baile y disfrute cada vez más el tango según va aprendiendo, pero para ello no son suficientes las clases de tango, por mucho que estás se tomen durante años, si luego no se va a milonguear. Es milongueando donde se aprende a improvisar, a adaptarse a otros abrazos, se conoce gente con la que luego se baila y socializa, se mejora el conocimiento musical, y se aprenden los códigos de la milonga.
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lunes, 4 de mayo de 2015
Europa no es Buenos Aires
En España y en buena parte de Europa el tango no solo es algo relativamente nuevo sino también una pasión adoptada, que no es parte de la cultura local. Por ello, a este lado del mundo generalmente no se entiende la cultura del tango como la entienden en tierras porteñas. Pensaba que era algo obvio, pero me he encontrado a más de uno (maestros de tango argentinos o milongueros argentinos que van a Europa, o milongueros experimentados europeos que han pasado temporadas en BA) molestándose por no encontrar aquí ni siquiera un reflejo de lo que ellos encuentran en BA. Hay que asumirlo, es lo que hay.
Para la mayoría de los milongueros europeos equilibrados el tango es una afición, una pasión, pero no por ello estará como número uno en su lista de prioridades. Además, aunque muchos de ellos desearían viajar a Argentina y vivir la experiencia y la cultura argentina, no todos pueden: cada uno hace lo que puede con los medios de los cual dispone.
Ahora bien, no ir a Argentina, no quiere decir que estos milongueros europeos pasen olímpicamente de la cultura argentina. Los aficionados por lo general, escuchan tango, ven películas y documentales de tango, leen y escuchan las hermosas letras de algunos tangos, se emocionan con la música en vivo, les gusta ir a bailar a la milonga y se sienten atraídos por el arte relacionado con el tango, en la modalidad que sea. Es por eso que los festivales de tango existen: para ofrecer algo de todo eso.
El problema de los festivales es que son los eventos de tango que más cuestan y aunque eso no implique que sean caros, no son aptos para todos los bolsillos, especialmente para los de la gente joven.
Para la mayoría de los milongueros europeos equilibrados el tango es una afición, una pasión, pero no por ello estará como número uno en su lista de prioridades. Además, aunque muchos de ellos desearían viajar a Argentina y vivir la experiencia y la cultura argentina, no todos pueden: cada uno hace lo que puede con los medios de los cual dispone.
Ahora bien, no ir a Argentina, no quiere decir que estos milongueros europeos pasen olímpicamente de la cultura argentina. Los aficionados por lo general, escuchan tango, ven películas y documentales de tango, leen y escuchan las hermosas letras de algunos tangos, se emocionan con la música en vivo, les gusta ir a bailar a la milonga y se sienten atraídos por el arte relacionado con el tango, en la modalidad que sea. Es por eso que los festivales de tango existen: para ofrecer algo de todo eso.
El problema de los festivales es que son los eventos de tango que más cuestan y aunque eso no implique que sean caros, no son aptos para todos los bolsillos, especialmente para los de la gente joven.
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lunes, 17 de noviembre de 2014
Como quinceañeras
La razón no la se, pero la intuyo.
Me intrigan algunas milongueras, que a pesar de tener sus cincuenta o sesenta primaveras, siguen poniendo todo su empeño vestir como quinceañeras cuando van a la milonga. Algunas van con ropa interior y encima de ella, una remera de red que no deja nada a la imaginación; otras van con minifaldas o remeras largas con tan solo unas medias debajo, que al bailar se suben hasta enseñar alguna zona íntima de su cuerpo; otras, se ajustan vestidos que marcan hasta los lunares.
Supongo que visten así para sentirse sexys y guapas, esperando que los milongueros también las vean así y las inviten más a bailar. Sin embargo, lo que no saben es que no por enseñar más, una mujer es más femenina y sexy. A estas mujeres, desgraciadamente, nadie les a dicho que esa ropa que tanto les gusta ponerse no es lo que mejor les sienta, ni es sexy, sino que más bien proyecta una imagen poco elegante, a veces incluso vulgar, y que contrariamente al efecto que quieren provocar, causa rechazo en muchos milongueros. Y esto también se aplica a milongueras con muchísimas menos primaveras que se ponen ropa que poco o nada les favorece o que enseña demasiado y con poco gusto.
Está bien que una mujer no tenga complejos, se acepte y se sienta guapa con lo que sea, y también que quiera parecer lo más femenina posible. Sin embargo, hay chicas que no son elegantes porque no saben serlo. Se dice que con la elegancia se nace, pero yo creo que también se aprende, y que por tanto, todo tiene solución. Quizás lo que a alguna de estas mujeres le falta es una segunda opinión de alguien que le aprecie: su pareja o a una amiga o asesoramiento de un personal shopper con respecto a la forma de vestir, para comprobar que realmente va tan guapa como ella desea. Claro que esto no es fácil, ya que en España, quizás por cultura, la sinceridad con respecto a estos temas suele brillar por su ausencia: todo aquello que puede producir una falta de aceptación o un conflicto es algo que no gusta, y decirle a alguien que lo que se pone no le queda bien, es tema de conflicto sin lugar a dudas, al menos en la mayoría de los casos.
Me intrigan algunas milongueras, que a pesar de tener sus cincuenta o sesenta primaveras, siguen poniendo todo su empeño vestir como quinceañeras cuando van a la milonga. Algunas van con ropa interior y encima de ella, una remera de red que no deja nada a la imaginación; otras van con minifaldas o remeras largas con tan solo unas medias debajo, que al bailar se suben hasta enseñar alguna zona íntima de su cuerpo; otras, se ajustan vestidos que marcan hasta los lunares.
Supongo que visten así para sentirse sexys y guapas, esperando que los milongueros también las vean así y las inviten más a bailar. Sin embargo, lo que no saben es que no por enseñar más, una mujer es más femenina y sexy. A estas mujeres, desgraciadamente, nadie les a dicho que esa ropa que tanto les gusta ponerse no es lo que mejor les sienta, ni es sexy, sino que más bien proyecta una imagen poco elegante, a veces incluso vulgar, y que contrariamente al efecto que quieren provocar, causa rechazo en muchos milongueros. Y esto también se aplica a milongueras con muchísimas menos primaveras que se ponen ropa que poco o nada les favorece o que enseña demasiado y con poco gusto.
Está bien que una mujer no tenga complejos, se acepte y se sienta guapa con lo que sea, y también que quiera parecer lo más femenina posible. Sin embargo, hay chicas que no son elegantes porque no saben serlo. Se dice que con la elegancia se nace, pero yo creo que también se aprende, y que por tanto, todo tiene solución. Quizás lo que a alguna de estas mujeres le falta es una segunda opinión de alguien que le aprecie: su pareja o a una amiga o asesoramiento de un personal shopper con respecto a la forma de vestir, para comprobar que realmente va tan guapa como ella desea. Claro que esto no es fácil, ya que en España, quizás por cultura, la sinceridad con respecto a estos temas suele brillar por su ausencia: todo aquello que puede producir una falta de aceptación o un conflicto es algo que no gusta, y decirle a alguien que lo que se pone no le queda bien, es tema de conflicto sin lugar a dudas, al menos en la mayoría de los casos.
sábado, 8 de marzo de 2014
Magia
Los momentos más intensos y bonitos de la vida, en cuanto a emociones, son aquellos que repetimos una y otra vez en nuestro recuerdo, como cura o consuelo, cuando la vida no nos trata bien. En esas situaciones en las que nos roba a seres queridos u otros amores, alegrías, o nos pone en situaciones que se vuelven tan difíciles que nos desbordan. Entonces las memorias felices vuelven, son como un salvavidas en un mar donde creíamos ahogarnos. Pero lo hacen efímeramente porque tan solo las revivimos en nuestra mente, no con nuestros sentidos reales.
Esos momentos intensos y maravillosos también los vivo yo en el tango: un abrazo, una mirada, un solo sentir, esa conexión tan especial que llegas a sentir a veces con alguien. Pero aunque es también una ilusión que se desvanece en cuanto el tango termina, es muy real mientras dura. Son instantes tan intensos, en los que parece que el aire se corta en pedazos, en los que la gente de alrededor deja de existir y solo sientes tu corazón latir, como si fuera a salirse del pecho. La respiración queda en el olvido y solo existe una mirada intensa que te atraviesa y te desnuda el alma.
Ayer viví uno de esos momentos, justo al final de cada tango que bailé con él.
Cuando se siente algo así, siempre se tiene la certeza de que es algo compartido y las palabras sobran. Luego la magia se va disipando en cuanto percibes que la gente regresa a sus respectivas mesas y con la mirada siguen buscando nuevos abrazos. No en cada milonga, pero en algunas de ellas vuelves a sentirla, y ese anhelo de sentirla lo que que hace que pasemos tanto tiempo entre milongas.
Estoy segura de que volveré a abrazarle, a sentir que el aire se corta al perderme en su mirada, pero también estoy segura de que antes, si no es con él, lo sentiré con otro. Simplemente lo sé, el tango es así.
Esos momentos intensos y maravillosos también los vivo yo en el tango: un abrazo, una mirada, un solo sentir, esa conexión tan especial que llegas a sentir a veces con alguien. Pero aunque es también una ilusión que se desvanece en cuanto el tango termina, es muy real mientras dura. Son instantes tan intensos, en los que parece que el aire se corta en pedazos, en los que la gente de alrededor deja de existir y solo sientes tu corazón latir, como si fuera a salirse del pecho. La respiración queda en el olvido y solo existe una mirada intensa que te atraviesa y te desnuda el alma.
Ayer viví uno de esos momentos, justo al final de cada tango que bailé con él.
Cuando se siente algo así, siempre se tiene la certeza de que es algo compartido y las palabras sobran. Luego la magia se va disipando en cuanto percibes que la gente regresa a sus respectivas mesas y con la mirada siguen buscando nuevos abrazos. No en cada milonga, pero en algunas de ellas vuelves a sentirla, y ese anhelo de sentirla lo que que hace que pasemos tanto tiempo entre milongas.
Estoy segura de que volveré a abrazarle, a sentir que el aire se corta al perderme en su mirada, pero también estoy segura de que antes, si no es con él, lo sentiré con otro. Simplemente lo sé, el tango es así.
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domingo, 2 de febrero de 2014
Tango a tres
¿Habeis visto alguna vez a un hombre bailando tango con dos mujeres a la vez? La primera vez que lo vi llamó mi atención y me hizo reír por su originalidad. Aquellos tres bailaban como si fueran dos y hacían que pareciera facilísimo: algo así como cuando ves a una pareja profesional bailar y también te lo parece, aunque luego intentas tú hacer un simple paso hacia adelante y encima te sale mal. Igualito.
He de confesaros que tiempo después fui yo quien intentó hacer lo mismo pero con un resultado más bien diferente. En ese momento es cuando realmente les admiré de verdad, tarde en el tiempo, en la distancia. Hacer algo así requiere concentración, técnica, experiencia, compenetración, en definitiva, es bastante más difícil de lo que yo imaginaba en un principio.
Me acuerdo que me dijeron: "mira solo al pecho del bailarín y muévete según lo sientas, como si bailaras sola con él". Esta ingenua milonguera se lo creyó, lo intentó, se lo pasó muy bien intentándolo, pero ahí quedó todo. Que no os engañen: de fácil, nada. Para hacerlo bien no solo hay que hacer lo que me dijeron, sino que además hay que estar pendiente de un montón de detalles más a parte de escuchar la música, estar pendiente del espacio, de tu compañera, de mantener el atípico abrazo bailando a tres, entre otras muchas cosas, y encima no reírse al meter la pata. Mucho pedir para mí: soy de esas mujeres para las que no aplica eso de que "el cerebro de las mujeres está mejor preparado para hacer varias cosas a la vez" (Abc.es, 03/12/13 por Pilar Quijada). Después llegué a la conclusión de que como casi todo, es cuestión de paciencia o de que ocurra un milagro y a una de mis XX le termine de crecer la patita para no parecerse tanto a una XY.
Me gusta el rol de la mujer, preocuparme principalmente de la música y de sentir, dejarle a él el resto de los quebraderos de cabeza que tienen que ver con la pista de baile. Es también otra de las razones por las que me gusta tanto el tango: es el único momento en el que yo no tomo el control sino que dejo que otra persona lo haga por mi. El día que lo descubrí, me sentí como si hubiera vaciado una mochila cargada de piedras: me encantó.
He de confesaros que tiempo después fui yo quien intentó hacer lo mismo pero con un resultado más bien diferente. En ese momento es cuando realmente les admiré de verdad, tarde en el tiempo, en la distancia. Hacer algo así requiere concentración, técnica, experiencia, compenetración, en definitiva, es bastante más difícil de lo que yo imaginaba en un principio.
Me acuerdo que me dijeron: "mira solo al pecho del bailarín y muévete según lo sientas, como si bailaras sola con él". Esta ingenua milonguera se lo creyó, lo intentó, se lo pasó muy bien intentándolo, pero ahí quedó todo. Que no os engañen: de fácil, nada. Para hacerlo bien no solo hay que hacer lo que me dijeron, sino que además hay que estar pendiente de un montón de detalles más a parte de escuchar la música, estar pendiente del espacio, de tu compañera, de mantener el atípico abrazo bailando a tres, entre otras muchas cosas, y encima no reírse al meter la pata. Mucho pedir para mí: soy de esas mujeres para las que no aplica eso de que "el cerebro de las mujeres está mejor preparado para hacer varias cosas a la vez" (Abc.es, 03/12/13 por Pilar Quijada). Después llegué a la conclusión de que como casi todo, es cuestión de paciencia o de que ocurra un milagro y a una de mis XX le termine de crecer la patita para no parecerse tanto a una XY.
Me gusta el rol de la mujer, preocuparme principalmente de la música y de sentir, dejarle a él el resto de los quebraderos de cabeza que tienen que ver con la pista de baile. Es también otra de las razones por las que me gusta tanto el tango: es el único momento en el que yo no tomo el control sino que dejo que otra persona lo haga por mi. El día que lo descubrí, me sentí como si hubiera vaciado una mochila cargada de piedras: me encantó.
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domingo, 29 de diciembre de 2013
Cuando menos te lo esperas
Había ido con dos amigos a un festival de tango de verano. Nuestra intención era disfrutar un rato de la milonga de la tarde, ir a cenar, ponernos nuestros mejores trapitos, y seguir milongueando a la luz de las velas. Mis expectativas sobre las maravillosas tandas que iba a disfrutar brillaban por su ausencia, en base a experiencias anteriores de ese mismo festival: no soy muy amiga de los festivales llenos de gente, sino más bien de los encuentros milongueros, de los eventos más bien familiares.
Así que sin muchas ganas llegué a la milonga de la tarde, me puse los zapatos de baile y me entretuve saludando a amigos y conocidos que hacía tiempo que no veía. Entre todos ellos había un chico con el que he coincidido en milongas, clases, y algún que otro festival y/o encuentro. También he compartido tandas con él y las he disfrutado casi siempre, sobre todo según yo he ido aprendiendo, ya que él tiene más experiencia que yo. Me sorprendió escuchar a alguna milonguera que lo definen como frío en su baile, más que nada porque yo no aunque yo no estoy de acuerdo en lo más mínimo: creo que es de las personas que, por la razón que sea, no entrega su abrazo en cuerpo y alma a todo el mundo... tal y como hago yo.
Sonaba un temazo, el primero de una tanda que prometía. Justo entonces sentí su mirada intensa, le miré, me cabeceó y no tardé ni una milésima de segundo en sonreír encantada, aceptando así su invitación. Al llegar al borde de la pista fui consciente de que estaba repleta y que apenas había sitio para bailar en el espacio de una baldosa. Me arrimé bien, hice alarde de mi abrazo más milonguero, totalmente pegadita a él, como si de una lapa a una roca se tratara. Me cuidó en todo momento de choques, golpes, y conseguí relajarme como nunca mientras él me regalaba una de las tandas más especiales que he disfrutado nunca: aquel abrazo transformó una preciosa tanda en toda una experiencia religiosa. Fue increíble. Las palabras no eran necesarias, por lo que me sorprendió escucharle decir: "vaya tanda más intima hemos bailado tú y yo..." Obviamente yo no contesté. Por mi tierra dicen, que "quien calla, con su silencio otorga".
Pasó el resto del verano y las semanas se hicieron meses, y volví a coincidir con él, esta vez en una milonga local. Al poco de ponerme las sandalias de tango y aclimatarme un poco al ambiente, me miró y me cabeceó. He de decir que esa tanda no fue nada especial porque el suelo estaba terrible, la música muy baja y las voces de los milongueros demasiado altas como para escuchar un tango en condiciones y más aún fundirtet con la música. A pesar de esto, me gustó bailar con él, y más aún oírle decir que en aquel festival ninguna de las locales le bailó como yo... todo un cumplido, que por cierto, me volvió loca.
Así que sin muchas ganas llegué a la milonga de la tarde, me puse los zapatos de baile y me entretuve saludando a amigos y conocidos que hacía tiempo que no veía. Entre todos ellos había un chico con el que he coincidido en milongas, clases, y algún que otro festival y/o encuentro. También he compartido tandas con él y las he disfrutado casi siempre, sobre todo según yo he ido aprendiendo, ya que él tiene más experiencia que yo. Me sorprendió escuchar a alguna milonguera que lo definen como frío en su baile, más que nada porque yo no aunque yo no estoy de acuerdo en lo más mínimo: creo que es de las personas que, por la razón que sea, no entrega su abrazo en cuerpo y alma a todo el mundo... tal y como hago yo.
Sonaba un temazo, el primero de una tanda que prometía. Justo entonces sentí su mirada intensa, le miré, me cabeceó y no tardé ni una milésima de segundo en sonreír encantada, aceptando así su invitación. Al llegar al borde de la pista fui consciente de que estaba repleta y que apenas había sitio para bailar en el espacio de una baldosa. Me arrimé bien, hice alarde de mi abrazo más milonguero, totalmente pegadita a él, como si de una lapa a una roca se tratara. Me cuidó en todo momento de choques, golpes, y conseguí relajarme como nunca mientras él me regalaba una de las tandas más especiales que he disfrutado nunca: aquel abrazo transformó una preciosa tanda en toda una experiencia religiosa. Fue increíble. Las palabras no eran necesarias, por lo que me sorprendió escucharle decir: "vaya tanda más intima hemos bailado tú y yo..." Obviamente yo no contesté. Por mi tierra dicen, que "quien calla, con su silencio otorga".
Pasó el resto del verano y las semanas se hicieron meses, y volví a coincidir con él, esta vez en una milonga local. Al poco de ponerme las sandalias de tango y aclimatarme un poco al ambiente, me miró y me cabeceó. He de decir que esa tanda no fue nada especial porque el suelo estaba terrible, la música muy baja y las voces de los milongueros demasiado altas como para escuchar un tango en condiciones y más aún fundirtet con la música. A pesar de esto, me gustó bailar con él, y más aún oírle decir que en aquel festival ninguna de las locales le bailó como yo... todo un cumplido, que por cierto, me volvió loca.
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viernes, 22 de noviembre de 2013
Ciencia aplicada al baile
Me acuerdo que una vez leí un artículo muy curioso escrito por psicólogos de la Universidad de Northumbría, en Newcastle. Tras una serie de estudios, concluyeron que un hombre es mucho más atractivo para las mujeres si baila bien, e incluso decían que la forma de bailar del hombre da una señal a las mujeres de su capacidad reproductora o de su masculinidad.
Lo curioso de todo esto, o lo que a mí me llamó la atención, fue que la mujeres que participaron en el estudio hacían su valoración de si un hombre les parecía buen bailarín o no fijándose en ocho detalles del cuerpo, de los que desafortunadamente ahora no me acuerdo. ¿En tanto nos fijamos nosotras cuando miramos bailar a un hombre? Supongo que nuestro cerebro tiene una capacidad de procesar datos muy superior a aquella de la que somos conscientes.
Humildemente reconozco, y por ridículo que parezca, que es cierto que los buenos bailarines, al menos a mí, me parecen más guapos, más atractivos. Así que no añado comentarios o lo sin-sentido: evidentemente soy parte de la regla y no una excepción. Supongo además, que eso explica porqué chicos poco atractivos, pero que bailan bien, tienen tanto éxito con las chicas.
Me viene al recuerdo un momento en el que estaba sentada en una milonga, en primera línea de pista, junto a un amigo, cuando me pareció que él me exclamó algo así como: "no se qué le ven las mujeres a ese chico, guapo, guapo no es...". El chico del que hablaba baila bien, efectivamente guapo no es, pero tiene el don de la palabra y sabe camelar bien a una chica, supongo que porque a pesar de su juventud, proyecta seguridad. Mi amigo no tiene nada que envidiarle porque aunque no baila tan bien ya que no tiene tanta experiencia, no lo hace nada mal y mejora día a día. Además, es buen chico, guapo, joven, aunque hay una cosa que lo diferencia del otro: su timidez. Yo creo que en el fondo la timidez podría ser inseguridad y creo que justamente por eso él cree que no tiene tanto éxito con las chicas, aunque en realidad se equivoca: sé de al menos una que le ronda, que está interesada en él; sin embargo, él no parece darse cuenta.
Lo curioso de todo esto, o lo que a mí me llamó la atención, fue que la mujeres que participaron en el estudio hacían su valoración de si un hombre les parecía buen bailarín o no fijándose en ocho detalles del cuerpo, de los que desafortunadamente ahora no me acuerdo. ¿En tanto nos fijamos nosotras cuando miramos bailar a un hombre? Supongo que nuestro cerebro tiene una capacidad de procesar datos muy superior a aquella de la que somos conscientes.
Humildemente reconozco, y por ridículo que parezca, que es cierto que los buenos bailarines, al menos a mí, me parecen más guapos, más atractivos. Así que no añado comentarios o lo sin-sentido: evidentemente soy parte de la regla y no una excepción. Supongo además, que eso explica porqué chicos poco atractivos, pero que bailan bien, tienen tanto éxito con las chicas.
Me viene al recuerdo un momento en el que estaba sentada en una milonga, en primera línea de pista, junto a un amigo, cuando me pareció que él me exclamó algo así como: "no se qué le ven las mujeres a ese chico, guapo, guapo no es...". El chico del que hablaba baila bien, efectivamente guapo no es, pero tiene el don de la palabra y sabe camelar bien a una chica, supongo que porque a pesar de su juventud, proyecta seguridad. Mi amigo no tiene nada que envidiarle porque aunque no baila tan bien ya que no tiene tanta experiencia, no lo hace nada mal y mejora día a día. Además, es buen chico, guapo, joven, aunque hay una cosa que lo diferencia del otro: su timidez. Yo creo que en el fondo la timidez podría ser inseguridad y creo que justamente por eso él cree que no tiene tanto éxito con las chicas, aunque en realidad se equivoca: sé de al menos una que le ronda, que está interesada en él; sin embargo, él no parece darse cuenta.
domingo, 13 de octubre de 2013
Como un globo...
¿Sabéis lo que tienen en común el pez globo, la fragata y la rana
arboricola? que todos ellos se hinchan, al igual que un milonguero con
el que una vez compartí una tanda, es solo que él no creo que se hinche
por
los mismos motivos, es decir, por sentirse en peligro, por llamar la
atención del sexo opuesto o por transportar a sus crías.
Recuerdo una clase con Godoy "Pebete" y Magdalena Gutierrez en la que él me abrazó para mostrarme lo que era conectarse a la pareja para poder bailar. Al abrazarle noté cómo mi cuerpo buscaba una conexión al sentir que él ofrecía esa conexión, y entendí. Sentí como si su cuerpo se moldeara al mío, como si todo el torso, incluida la parte inferior donde están ubicadas las costillas, se amoldara a mí. Me derretí ahí mismo. Ay.. esa chica, Maggie, ¡qué suerte tiene...! Bueno, y él, porque ella es sencillamente fantástica.
Supongo que el milonguero aquel que "se hinchaba" con el que una vez compartí una tanda, intentaba hacer algo similar pero sin mucho éxito. En lugar de sentir esa homogeneidad en la conexión y el contacto, con él sentía cómo la parte inferior del torso, y sólo ella, se hinchaba como un globo para marcar a la chica. Lo curioso es que al ser muy delgado el chico, realmente parecí una fragata en celo. La primera vez casi grito del susto pensando que le había pasado algo, pero luego me dí cuenta de que era su intento o su forma de buscar la conexión con la chica. Me resultó extraño, algo incómodo al principio y luego incluso un tanto divertido. Es único, sin duda, y también un chico muy educado, amable y buen bailarín, con lo cual al final me relajé y me acostumbré o me olvidé del todo una vez que me envolvió la música... disfruté de una preciosa tanda.
Recuerdo una clase con Godoy "Pebete" y Magdalena Gutierrez en la que él me abrazó para mostrarme lo que era conectarse a la pareja para poder bailar. Al abrazarle noté cómo mi cuerpo buscaba una conexión al sentir que él ofrecía esa conexión, y entendí. Sentí como si su cuerpo se moldeara al mío, como si todo el torso, incluida la parte inferior donde están ubicadas las costillas, se amoldara a mí. Me derretí ahí mismo. Ay.. esa chica, Maggie, ¡qué suerte tiene...! Bueno, y él, porque ella es sencillamente fantástica.
Supongo que el milonguero aquel que "se hinchaba" con el que una vez compartí una tanda, intentaba hacer algo similar pero sin mucho éxito. En lugar de sentir esa homogeneidad en la conexión y el contacto, con él sentía cómo la parte inferior del torso, y sólo ella, se hinchaba como un globo para marcar a la chica. Lo curioso es que al ser muy delgado el chico, realmente parecí una fragata en celo. La primera vez casi grito del susto pensando que le había pasado algo, pero luego me dí cuenta de que era su intento o su forma de buscar la conexión con la chica. Me resultó extraño, algo incómodo al principio y luego incluso un tanto divertido. Es único, sin duda, y también un chico muy educado, amable y buen bailarín, con lo cual al final me relajé y me acostumbré o me olvidé del todo una vez que me envolvió la música... disfruté de una preciosa tanda.
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martes, 1 de octubre de 2013
¿Sabíais que...?
... hoy es una fecha muy especial?
Hace exactamente 4 años, el 30 Septiembre de 2009, la Organización Cultural de Naciones Unidas, UNESCO, inscribió el TANGO sobre la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
"La tradición argentina y uruguaya del tango, hoy conocida en el mundo entero, nació en la cuenca del Río de la Plata, entre las clases populares de las ciudades de Buenos Aires y Montevideo. En esta región, donde se mezclan los emigrantes europeos, los descendientes de esclavos africanos y los nativos (criollos), se produjo una amalgama de costumbres, creencias y ritos que se transformó en una identidad cultural específica. Entre las expresiones más características de esa identidad figuran la música, la danza y la poesía del tango que son, a la vez, una encarnación y un vector de la diversidad y del diálogo cultural. Practicado en las milongas –salas de baile típicas– de Buenos Aires y Montevideo, el tango ha difundido el espíritu de su comunidad por el mundo entero, adaptándose a nuevos entornos y al paso del tiempo. Esa comunidad comprende hoy músicos, bailarines profesionales y aficionados, coreógrafos, compositores, letristas y profesores que enseñan este arte y hacen descubrir los tesoros vivos nacionales que encarnan la cultura del tango. El tango también está presente en las celebraciones del patrimonio nacional, tanto en Argentina como en Uruguay, lo cual muestra el vasto alcance de esta música popular urbana."
Fuente: Unesco.org
Hace exactamente 4 años, el 30 Septiembre de 2009, la Organización Cultural de Naciones Unidas, UNESCO, inscribió el TANGO sobre la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
"La tradición argentina y uruguaya del tango, hoy conocida en el mundo entero, nació en la cuenca del Río de la Plata, entre las clases populares de las ciudades de Buenos Aires y Montevideo. En esta región, donde se mezclan los emigrantes europeos, los descendientes de esclavos africanos y los nativos (criollos), se produjo una amalgama de costumbres, creencias y ritos que se transformó en una identidad cultural específica. Entre las expresiones más características de esa identidad figuran la música, la danza y la poesía del tango que son, a la vez, una encarnación y un vector de la diversidad y del diálogo cultural. Practicado en las milongas –salas de baile típicas– de Buenos Aires y Montevideo, el tango ha difundido el espíritu de su comunidad por el mundo entero, adaptándose a nuevos entornos y al paso del tiempo. Esa comunidad comprende hoy músicos, bailarines profesionales y aficionados, coreógrafos, compositores, letristas y profesores que enseñan este arte y hacen descubrir los tesoros vivos nacionales que encarnan la cultura del tango. El tango también está presente en las celebraciones del patrimonio nacional, tanto en Argentina como en Uruguay, lo cual muestra el vasto alcance de esta música popular urbana."
Fuente: Unesco.org
viernes, 20 de septiembre de 2013
¿Qué es un taxidancer?
Estaba en una agradable comida con milongueros amigos, en la cual alguien confesó que fue taxidancer
en otros tiempos. Se me abrieron los ojos de par en par y pregunté:
"¿qué es eso de taxidancer?". Tras lo que me explicaron de primera mano y
lo que he buscado en internet, seguí preguntando entre amigos y
conocidos y he llegado a hacerme una buena idea.
Hay aficcionados que van a Buenos Aires a bailar porque es el paraíso de cualquier amante del tango: se puede ir a milongas, clases o seminarios las 24 horas del día. Sin embargo, debido al desconocimiento de mucha gente del cógido que rige en las milongas porteñas y también al no conocer a nadie que les introduzca en el ambiente, a veces van a a bailar, pero se pasan la noche sin pisar la pista. En el caso de las mujeres sucede porque no les han visto bailar antes y nadie se arriesga a invitarles si no saben cómo bailan o bien no se enteran de que las están invitando; en el caso de los hombres suele ser más por sentirse cohibidos o bien por comportarse de forma inapropiada sin saberlo. La forma de invitar y aceptar invitaciones parece que es algo diferente en Buenos Aires, donde rige un código definido y bastante estricto.
Por otro lado, toda esta gente que va ilusionada a Buenos Aires, va también para poder asistir a clases, pero se encuentran con el problema de encontrar pareja para las mismas, a no ser que viajen con su pareja. Para todos estos casos mencionados exite una solución: contratar a un taxidancer, es decir, un bailarín experimentado que se alquila por horas y garantiza un servicio exclusivo, personalizado y seguro. Normalmente se contrata por un mínimo de tres horas, y además de eso, hay que sumar el precio de la entrada a la milonga y las consumiciones. El precio de un taxidancer suele estar entre los 10 y 18 euros/hora, dependiendo de una serie de factores, entre los cuales está su experiencia.
El taxidancer es quien puede introducirte al mundo de las milongas de la ciudad y guiarte sobre cómo comportarte, ya que conoce los códigos de cada milonga, los mejores horarios para entrar y el estilo de cada una de ellas. Además, te asegura un número de tandas a bailar, puesto que salvo en los descansos que se pacten, bailará contigo las horas contratadas. Algún día contrataré a uno en Buenos Aires, pero de momento investigaré si los hay en Europa... solo por si en alguna ciudad -como por ejemplo Lyon- lo necesito.
Hay aficcionados que van a Buenos Aires a bailar porque es el paraíso de cualquier amante del tango: se puede ir a milongas, clases o seminarios las 24 horas del día. Sin embargo, debido al desconocimiento de mucha gente del cógido que rige en las milongas porteñas y también al no conocer a nadie que les introduzca en el ambiente, a veces van a a bailar, pero se pasan la noche sin pisar la pista. En el caso de las mujeres sucede porque no les han visto bailar antes y nadie se arriesga a invitarles si no saben cómo bailan o bien no se enteran de que las están invitando; en el caso de los hombres suele ser más por sentirse cohibidos o bien por comportarse de forma inapropiada sin saberlo. La forma de invitar y aceptar invitaciones parece que es algo diferente en Buenos Aires, donde rige un código definido y bastante estricto.
Por otro lado, toda esta gente que va ilusionada a Buenos Aires, va también para poder asistir a clases, pero se encuentran con el problema de encontrar pareja para las mismas, a no ser que viajen con su pareja. Para todos estos casos mencionados exite una solución: contratar a un taxidancer, es decir, un bailarín experimentado que se alquila por horas y garantiza un servicio exclusivo, personalizado y seguro. Normalmente se contrata por un mínimo de tres horas, y además de eso, hay que sumar el precio de la entrada a la milonga y las consumiciones. El precio de un taxidancer suele estar entre los 10 y 18 euros/hora, dependiendo de una serie de factores, entre los cuales está su experiencia.
El taxidancer es quien puede introducirte al mundo de las milongas de la ciudad y guiarte sobre cómo comportarte, ya que conoce los códigos de cada milonga, los mejores horarios para entrar y el estilo de cada una de ellas. Además, te asegura un número de tandas a bailar, puesto que salvo en los descansos que se pacten, bailará contigo las horas contratadas. Algún día contrataré a uno en Buenos Aires, pero de momento investigaré si los hay en Europa... solo por si en alguna ciudad -como por ejemplo Lyon- lo necesito.
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viernes, 6 de septiembre de 2013
La historia detrás de cada milonguero
Días después del festivalito que mencioné en mi entrada Brilando por su ausencia, yo seguía dándole vueltas a la cabeza a todo lo que acaba de experimentar durante el fin de semana. La verdad es que esos dos días fueron reveladores en más de un sentido ya que me hicieron ser consciente de aspectos en los que nunca me había parado a pensar antes. Mi mente fue hacia todos esos chicos y chicas, bailarines estupendísimos, preguntándome cómo
serían fuera de la milonga, si serían capaces de mantener una conversación inteligente, si eran felices o no, si tenían un drama o una historia de amor detrás.
Normalmente voy a las milongas, saludo a los conocidos, me siento, tomo algo y charlo con los amigos, y de vez en cuando, bailo alguna tanda. Me he dado cuenta de que la gente por lo general es anómima para mí en cierta manera y lo único que sé sobre ellos es cómo se siente su abrazo, si sienten la música como yo o de una manera diferente, si van a socializar o a vivir intensamente momentos y/o ambas cosas. Son pocas las veces que sabes algo de la historia que va con cada persona, y lo que es evidente es que todos la tienen.
Hace un tiempo conocí a un hombre de mediana edad, con un abrazo de lo más agradable, educado, y con una de esas sonrisas que empiezan por los ojos y terminan en el abrazo. Yo pensé que después de mi amigo jubiloso y mi amiga con carita de ángel, era la siguiente persona que transmitía más tranquilidad o que parecía más feliz. Curiosamente, esa misma noche me enteré que ese hombre había perdido a su hija en un accidente de tráfico debido a un conductor borracho. Cambió totalmente mi percepción de él, quizás porque ahora conocía su historia y encontré sentido, al menos para mí, a su forma de bailar y su abrazo, aunque seguramente nada tenga que ver con lo que le pasó, pero sí con su actitud en la vida hacia las piedras nos encontramos todos por el camino. Seguramente el tango le hacía mucho bien porque era capaz de transmitir tanto y tan bueno al bailar a pesar de tener semajante historia detrás, como un fénix que renace de sus cenizas, un efecto de la tangoterapia. Me sentí muy identificada con él, supongo que porque todos, milongueros o no, tenemos nuestra historia detrás.
Todo esto me hace pensar en las personas y lo que nos mueve a comportarnos de una manera u otra, y cómo nos marcan los acontecimientos en nuestra vida, y sobre todo, la forma en que dependiendo de nuestra madurez, las encajamos como una lección de vida o no. También me hizo pensar en cómo conocer a una persona la hace más humana ante nuestros ojos, más como nosotros, seres con sentimientos, miedos, penas, e ilusiones.
Normalmente voy a las milongas, saludo a los conocidos, me siento, tomo algo y charlo con los amigos, y de vez en cuando, bailo alguna tanda. Me he dado cuenta de que la gente por lo general es anómima para mí en cierta manera y lo único que sé sobre ellos es cómo se siente su abrazo, si sienten la música como yo o de una manera diferente, si van a socializar o a vivir intensamente momentos y/o ambas cosas. Son pocas las veces que sabes algo de la historia que va con cada persona, y lo que es evidente es que todos la tienen.
Hace un tiempo conocí a un hombre de mediana edad, con un abrazo de lo más agradable, educado, y con una de esas sonrisas que empiezan por los ojos y terminan en el abrazo. Yo pensé que después de mi amigo jubiloso y mi amiga con carita de ángel, era la siguiente persona que transmitía más tranquilidad o que parecía más feliz. Curiosamente, esa misma noche me enteré que ese hombre había perdido a su hija en un accidente de tráfico debido a un conductor borracho. Cambió totalmente mi percepción de él, quizás porque ahora conocía su historia y encontré sentido, al menos para mí, a su forma de bailar y su abrazo, aunque seguramente nada tenga que ver con lo que le pasó, pero sí con su actitud en la vida hacia las piedras nos encontramos todos por el camino. Seguramente el tango le hacía mucho bien porque era capaz de transmitir tanto y tan bueno al bailar a pesar de tener semajante historia detrás, como un fénix que renace de sus cenizas, un efecto de la tangoterapia. Me sentí muy identificada con él, supongo que porque todos, milongueros o no, tenemos nuestra historia detrás.Todo esto me hace pensar en las personas y lo que nos mueve a comportarnos de una manera u otra, y cómo nos marcan los acontecimientos en nuestra vida, y sobre todo, la forma en que dependiendo de nuestra madurez, las encajamos como una lección de vida o no. También me hizo pensar en cómo conocer a una persona la hace más humana ante nuestros ojos, más como nosotros, seres con sentimientos, miedos, penas, e ilusiones.
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
La mujer très mal
Cuando hay un milonguero en una de sus primeras milongas, hay mucha gente en la pista, él se para porque no puede avanzar y no sabe cómo hacerlo, y su compañera de baile le dice "¡vengaaaa, vamos!". El pobre chico al terminar la tanda se sienta suspirando, con una de esas caritas que ponen los niños cuando les regañan por hacer una trastada que en realidad no han hecho. Eso le pasó a un amigo mío.
Según lo contaba, otro milonguero que ya ha vivido mucho entre milongas, le animó hablándole de la mujer très mal. Hay un mujer con la que él coincide a menudo en milongas. Ella llega a la milonga, pone el radar para localizar a los mejores bailarines de la milonga, y poco a poco los va a invitando o hace que la inviten a ella. Una vez cumplida su misión, la 007 abandona la milonga, hayan pasado cinco horas o cinco minutos, así que cuando hay muchos bailarines con los que le gusta bailar, tarda un rato en conseguir sus tandas, pero cuando no hay mas que uno o dos, desaparece sin haberse despeinado apenas.
Un día este milonguero experimentado bailó con ella. Era la primera vez que bailaban juntos y al poco tiempo de empezar un tango la oyó decir "très mal". Luego ella siguió bailando como si no hubiera dicho nada y el comentario se repitió en numerosas ocasiones cada vez que él hacía algo que a ella obviamente no le parecía bien: y cada vez, ella hacía su comentario y seguía bailando como si nada. Él se sintió mal al principio, extrañado después y comentó la anécdota entre sus conocidos milongueros y descubrió algo revelador: ¡parece ser que la mujer lo hace siempre con cada bailarín con el que baila, cada vez que éste no hace perfecto un movimiento o a ella no le gusta! Es conocida como la mujer très mal...
Según lo contaba, otro milonguero que ya ha vivido mucho entre milongas, le animó hablándole de la mujer très mal. Hay un mujer con la que él coincide a menudo en milongas. Ella llega a la milonga, pone el radar para localizar a los mejores bailarines de la milonga, y poco a poco los va a invitando o hace que la inviten a ella. Una vez cumplida su misión, la 007 abandona la milonga, hayan pasado cinco horas o cinco minutos, así que cuando hay muchos bailarines con los que le gusta bailar, tarda un rato en conseguir sus tandas, pero cuando no hay mas que uno o dos, desaparece sin haberse despeinado apenas.
Un día este milonguero experimentado bailó con ella. Era la primera vez que bailaban juntos y al poco tiempo de empezar un tango la oyó decir "très mal". Luego ella siguió bailando como si no hubiera dicho nada y el comentario se repitió en numerosas ocasiones cada vez que él hacía algo que a ella obviamente no le parecía bien: y cada vez, ella hacía su comentario y seguía bailando como si nada. Él se sintió mal al principio, extrañado después y comentó la anécdota entre sus conocidos milongueros y descubrió algo revelador: ¡parece ser que la mujer lo hace siempre con cada bailarín con el que baila, cada vez que éste no hace perfecto un movimiento o a ella no le gusta! Es conocida como la mujer très mal...
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martes, 6 de agosto de 2013
El Gaucho Martín Fierro
Tocaba clase privada y yo conducía, con mi compañero de baile de
copiloto. Durante el viaje, en lugar de invitarme a mate o alimentar mi estómago, decidió alimentar mi alma, y para mi
sorpresa sacó el libro El Gaucho Martín Fierro, escrito en el año 1872 por José Hernández.
Sobre este libro me dijo que era un poema narrativo, por tanto escrito en verso, con un lenguaje sencillo, pero a propósito para que el más humilde de la época, el gaucho, pudiera acceder a su lectura.
Os dejo unos versos que él me leyó, con las cuales Martin Fierro, protagonista de la historia, comienza el relato:
Aquí me pongo a cantar,
al compás de la vigüela
que al hombre que lo desvela
una pena estrordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.
Luego eligió unos versos del capítulo en el que Martin Fierro da lecciones de vida a sus hijos.
Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera,
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.
Espero que os hayan gustado lo suficiente como para que como a mí, os pique la curiosidad por leerlo.
Sobre este libro me dijo que era un poema narrativo, por tanto escrito en verso, con un lenguaje sencillo, pero a propósito para que el más humilde de la época, el gaucho, pudiera acceder a su lectura.
Os dejo unos versos que él me leyó, con las cuales Martin Fierro, protagonista de la historia, comienza el relato:
Aquí me pongo a cantar,
al compás de la vigüela
que al hombre que lo desvela
una pena estrordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.
Luego eligió unos versos del capítulo en el que Martin Fierro da lecciones de vida a sus hijos.
Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera,
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.
Espero que os hayan gustado lo suficiente como para que como a mí, os pique la curiosidad por leerlo.
domingo, 4 de agosto de 2013
El lenguaje del musculito
Me acuerdo el día que un amigo me preguntó porqué al bailar a veces ponía la mano sobre el músculo que está junto a la columna vertebral del bailarín. Creo que mi amigo se refería al músculo dorsal largo, o eso creo, pero llamémosle el "musculito listo".
Y os cuento. Resulta que al poner la mano sobre este musculito listo, se siente cada movimiento del chico, a veces incluso antes de que este se produzca, ya que no se mueve de forma consciente, sino que es el cerebro quien emite la orden cuando percibe una intención de movimiento. Es algo así como si de leer Braille se tratara. Otra forma de comunicación además del giro de su torso, su respiración, y la energía que transmite. Un truco para novatas como yo, supongo.
Poniendo la mano sobre este musculito listo no es necesario tocar al chico con ninguna otra parte del cuerpo, ya que de este modo obtenemos toda la información necesaria para percibir la intención de movimiento del chico. Obviamente no funciona con todos los chicos, ya que a todos aquellos que no disocian, van en bloque y no mueven mas que sus manos y sus pies, el musculito listo se les vuelve tonto del todo.
Ayuda mucho cuando se baila con bailarines con muchísima más experiencia que tú, para ayudar a seguirles mejor cuando estás nerviosa, pero también ayuda mucho cuando se baila con chicos inseguros. En el caso de estos últimos, el musculito te dice una cosa y al instante siguiente otra opuesta, pero ocurre rápido y casi incluso antes de que el chico se aclare conscientemente. Es bailando con uno de estos chicos, capaz de cambiar de opinión o dudar un millón de veces por segundo, que descubrí el muculito y cómo evitar muchas frustraciones.
Y os cuento. Resulta que al poner la mano sobre este musculito listo, se siente cada movimiento del chico, a veces incluso antes de que este se produzca, ya que no se mueve de forma consciente, sino que es el cerebro quien emite la orden cuando percibe una intención de movimiento. Es algo así como si de leer Braille se tratara. Otra forma de comunicación además del giro de su torso, su respiración, y la energía que transmite. Un truco para novatas como yo, supongo.
Poniendo la mano sobre este musculito listo no es necesario tocar al chico con ninguna otra parte del cuerpo, ya que de este modo obtenemos toda la información necesaria para percibir la intención de movimiento del chico. Obviamente no funciona con todos los chicos, ya que a todos aquellos que no disocian, van en bloque y no mueven mas que sus manos y sus pies, el musculito listo se les vuelve tonto del todo.
Ayuda mucho cuando se baila con bailarines con muchísima más experiencia que tú, para ayudar a seguirles mejor cuando estás nerviosa, pero también ayuda mucho cuando se baila con chicos inseguros. En el caso de estos últimos, el musculito te dice una cosa y al instante siguiente otra opuesta, pero ocurre rápido y casi incluso antes de que el chico se aclare conscientemente. Es bailando con uno de estos chicos, capaz de cambiar de opinión o dudar un millón de veces por segundo, que descubrí el muculito y cómo evitar muchas frustraciones.
jueves, 25 de julio de 2013
El porqué de las chaquetas
Bailaba, mientras sentía cómo los rayos del sol templaban mi piel. El calor invadía aquel salón con amplia cristalera y vistas al mar que dejaba disfrutar de un atardecer precioso. Todo un lujo.
Después del primer tango ya sentí que mi temperatura corporal subía y no solo por el efecto del baile, sino porque en aquel salón cada vez hacía más calor. A veces me paso de espontánea, y en ese momento, en que yo lucía un vestido de tirantes y aún así me sentía como un pollo dando vueltas en un horno, exclamé que no entendía cómo había hombres capaces de bailar con camisa de manga larga y chaqueta encima de ella. No lo decía porque no supiera la razón, sino más bien porque a pesar de saberla, no me imaginaba a mí misma vestida así sin desfallecer por el calor.
Creo recordar una sonrisa en su cara y me dio la explicación que creyó que yo esperaba: que los hombre se ponen camisa y chaqueta encima (y puntualizó que muchos de ellos lo hacen solo para bailar), para no desagradar a la mujer sometiéndola a la incomodidad de poner la mano sobre la camisa transpirada. Sonreí y le di las gracias por la explicación, ya que confirmaba lo que en parte ya sabía. Pero aprendí que hay hombres que se la ponen solo mientras bailan, y que luego se la quitan: ¡y yo que pensaba que lo hacían para parecer más elegantes!¡Qué caballeros! Las mujeres hacemos todo lo contrario: al estar sentadas más tiempo nos cubrimos para no pasar frío y luego nos destapamos para bailar. Eso sí: a ellos les encanta.
Puede que en otros países se estile más esa costumbre de ponerse la chaqueta para bailar, por etiqueta quizás, pero en el mío no tanto, y es o bien porque creen que eso de la caballerosidad es cosa de otra época, o bien porque nosotras hacemos lo mismo, o bien porque lo más práctico es no ponérsela para tener así más libertad de movimiento. Están guapos con chaqueta, pero yo los prefiero sin ella porque a parte del episodio de los faros de mi vestido, me gusta sentir su espalda, acceder al musculito listo. Además, no se porqué extraña razón, hay una parte consciente de mi pensamiento que aunque rechazo está ahí presente: asocio la chaqueta a los hombres que aprietan, que no disocian, que lo bailan todo igual... ¿porqué será? ¡esto es de médico!
Después del primer tango ya sentí que mi temperatura corporal subía y no solo por el efecto del baile, sino porque en aquel salón cada vez hacía más calor. A veces me paso de espontánea, y en ese momento, en que yo lucía un vestido de tirantes y aún así me sentía como un pollo dando vueltas en un horno, exclamé que no entendía cómo había hombres capaces de bailar con camisa de manga larga y chaqueta encima de ella. No lo decía porque no supiera la razón, sino más bien porque a pesar de saberla, no me imaginaba a mí misma vestida así sin desfallecer por el calor.
Creo recordar una sonrisa en su cara y me dio la explicación que creyó que yo esperaba: que los hombre se ponen camisa y chaqueta encima (y puntualizó que muchos de ellos lo hacen solo para bailar), para no desagradar a la mujer sometiéndola a la incomodidad de poner la mano sobre la camisa transpirada. Sonreí y le di las gracias por la explicación, ya que confirmaba lo que en parte ya sabía. Pero aprendí que hay hombres que se la ponen solo mientras bailan, y que luego se la quitan: ¡y yo que pensaba que lo hacían para parecer más elegantes!¡Qué caballeros! Las mujeres hacemos todo lo contrario: al estar sentadas más tiempo nos cubrimos para no pasar frío y luego nos destapamos para bailar. Eso sí: a ellos les encanta.
Puede que en otros países se estile más esa costumbre de ponerse la chaqueta para bailar, por etiqueta quizás, pero en el mío no tanto, y es o bien porque creen que eso de la caballerosidad es cosa de otra época, o bien porque nosotras hacemos lo mismo, o bien porque lo más práctico es no ponérsela para tener así más libertad de movimiento. Están guapos con chaqueta, pero yo los prefiero sin ella porque a parte del episodio de los faros de mi vestido, me gusta sentir su espalda, acceder al musculito listo. Además, no se porqué extraña razón, hay una parte consciente de mi pensamiento que aunque rechazo está ahí presente: asocio la chaqueta a los hombres que aprietan, que no disocian, que lo bailan todo igual... ¿porqué será? ¡esto es de médico!
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lunes, 17 de junio de 2013
La milonga es cruel
Me impactó oír a una amiga
decir que la milonga es cruel, mientras subía y bajaba los hombros, con ese
gesto que hacemos a veces para dar a entender que algo es simplemente así, y
que hay que aceptarlo.
Hablábamos entonces de las milongas, de cómo a veces se baila y otras no, de cómo algunas chicas son ignoradas, de cómo la gente solo baila y se relaciona con quien le interesa. Yo comentaba que hay mujeres, buenas milongueras, a las que no sacan a bailar simplemente porque ya no tienen 20 o 30 años, y sin embargo hay chicas jóvenes, aunque no por ello mejor bailarinas, a las que siempre se las ve en la pista.
Pero en la vida real también es así a veces. Digamos que la vida no es justa a veces, digamos que la milonga tampoco lo es.
Una noche, después de juntarme a bailar con un amigo, me llevaba a casa cuando en el camino hablábamos de ese tema precisamente: de lo mucho y lo poco que bailan algunas
chicas en la milonga y porqué. Salió el nombre de
una chica que los dos conocemos, de las que siempre están en la pista. Yo expresé que no lo entendía. He de puntualizar que a pesar de saber adornarse, le falta mucho en cuanto a técnica y no es especialmente guapa ni joven, aunque si explosiva, de las que sabe cómo hacer para que todos la miren. Alguna lengua la define como vulgar, pero en realidad es una chica agradable que en lugar de disimular un poquito sus curvas y sacar partido a su cuerpo para parecer sexy y sensual, se excede sin darse cuenta, supongo que por falta de confianza en sí misma, para sentirse bien siendo el objeto de atención de los hombres. Todos estos detalles los omití por respeto a mi amigo, ya que dicen que "donde ha habido fuego, suelen quedar cenizas"...y él, ya había ardido con esa chica en cuestión. Ni corto ni perezoso me respondió "tienes que ser hombre para entenderlo". Y no dijo más, como si esa fuera una razón para él, imposible de entender para mí. Me dieron ganas de estrangularlo, pero casi al mismo tiempo me entró la risa, al entender que no podía haberme dado una explicación mejor...
Hablábamos entonces de las milongas, de cómo a veces se baila y otras no, de cómo algunas chicas son ignoradas, de cómo la gente solo baila y se relaciona con quien le interesa. Yo comentaba que hay mujeres, buenas milongueras, a las que no sacan a bailar simplemente porque ya no tienen 20 o 30 años, y sin embargo hay chicas jóvenes, aunque no por ello mejor bailarinas, a las que siempre se las ve en la pista.
Pero en la vida real también es así a veces. Digamos que la vida no es justa a veces, digamos que la milonga tampoco lo es.
Una noche, después de juntarme a bailar con un amigo, me llevaba a casa cuando en el camino hablábamos de ese tema precisamente: de lo mucho y lo poco que bailan algunas
chicas en la milonga y porqué. Salió el nombre de
una chica que los dos conocemos, de las que siempre están en la pista. Yo expresé que no lo entendía. He de puntualizar que a pesar de saber adornarse, le falta mucho en cuanto a técnica y no es especialmente guapa ni joven, aunque si explosiva, de las que sabe cómo hacer para que todos la miren. Alguna lengua la define como vulgar, pero en realidad es una chica agradable que en lugar de disimular un poquito sus curvas y sacar partido a su cuerpo para parecer sexy y sensual, se excede sin darse cuenta, supongo que por falta de confianza en sí misma, para sentirse bien siendo el objeto de atención de los hombres. Todos estos detalles los omití por respeto a mi amigo, ya que dicen que "donde ha habido fuego, suelen quedar cenizas"...y él, ya había ardido con esa chica en cuestión. Ni corto ni perezoso me respondió "tienes que ser hombre para entenderlo". Y no dijo más, como si esa fuera una razón para él, imposible de entender para mí. Me dieron ganas de estrangularlo, pero casi al mismo tiempo me entró la risa, al entender que no podía haberme dado una explicación mejor...
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domingo, 9 de junio de 2013
Je ne t’aime plus... mon amour
Para los que no sois
milongueros, explicaros lo que son las cortinas en una milonga. No
sirven para tapar la luz o para que el sol no estropee los muebles, ni para que
los vecinos chismosos no te vean, sino para algo muy distinto.
Lo primero que hay que saber es que en las milongas hay tandas del mismo género, compuestas por tangos, milongas y valses criollos, y que se bailan de tres en tres o de cuatro en cuatro. Van separadas por otros temas de otro género musical, generalmente música ligera, a los que llamamos “cortinas”. Éstas sirven para descansar, intercambiar saludos y buscar nueva pareja de baile.
Las cortinas suelen ser la
firma del DJ, y varían muchísimo. Yo he estado en milongas en las que ponían
música folklórica tradicional, temas pop-rock, y música ligera de todo tipo.
Hay algunos DJ que ponen tangos no muy bailables o temas que pueden ser
bailados como tango por sus tiempos, pero en mi opinión, no es muy buena idea,
porque hay gente que o bien no se entera de que la tanda ha terminado (cosa que
no entiendo), o están tan emocionados con la experiencia que acaban de tener,
que incluso bailan la cortina. También están los que la bailarán de pura
alegría porque la tanda ha terminado, pero eso es otra historia.
No es que tenga nada en contra de las milongas en Francia, ni de los franceses, a los que aprecio de corazón, pero si os soy sincera, casi todas las anécdotas más curiosas que me ocurren son en Francia. Me acuerdo una vez que me fui con una amiga a un encuentro de tango, obviamente en Francia, y después de la primera tanda escuché el trocito de cortina que decía algo así: “je ne t’aime plus, mon amour” (perdón por mi francés), que significa algo así como “ya no te quiero más mi amor”. Me pareció bonito el tema y muy en la línea con el ambiente. Hasta ahí, todo bien. Al final de la segunda tanda sonó de nuevo la misma canción y pensé que el DJ se había equivocado y había repetido cortina por error. Tras la tercera tanda creí que se le habían borrado del ordenador el resto de las cortinas y que el pobre estaba en un apuro. Pero ya tras la cuarta tanda, me convencí de que o bien tenía un problema enfermizo con esa canción, o bien se me escapaba algún dato importante. Y el dato importante era que es común en Argentina y otros lugares que los DJ firmen su trabajo con un tema, y lo repitan como cortina en cada milonga que musicalizan. Me parece bien que hagan esto si lo que pretenden es dar la nota, pero si realmente quieren "poner su sello" o "firmar su trabajo" sería mejor que hicieran un esfuerzo mayor en mejorar la musicalización de la milonga en lugar de poner dolor de cabeza a los pobres milongueros.
Hace poco volví a oír ese tema de “je ne t’aime plus, mon amour” y ya no sonaba igual que la primera vez que lo oí... quizás porque después de quince veces en aquella milonga, resultó tan empalagoso y cansino que le agarré un poco de manía.
Lo primero que hay que saber es que en las milongas hay tandas del mismo género, compuestas por tangos, milongas y valses criollos, y que se bailan de tres en tres o de cuatro en cuatro. Van separadas por otros temas de otro género musical, generalmente música ligera, a los que llamamos “cortinas”. Éstas sirven para descansar, intercambiar saludos y buscar nueva pareja de baile.
Las cortinas suelen ser la
firma del DJ, y varían muchísimo. Yo he estado en milongas en las que ponían
música folklórica tradicional, temas pop-rock, y música ligera de todo tipo.
Hay algunos DJ que ponen tangos no muy bailables o temas que pueden ser
bailados como tango por sus tiempos, pero en mi opinión, no es muy buena idea,
porque hay gente que o bien no se entera de que la tanda ha terminado (cosa que
no entiendo), o están tan emocionados con la experiencia que acaban de tener,
que incluso bailan la cortina. También están los que la bailarán de pura
alegría porque la tanda ha terminado, pero eso es otra historia.No es que tenga nada en contra de las milongas en Francia, ni de los franceses, a los que aprecio de corazón, pero si os soy sincera, casi todas las anécdotas más curiosas que me ocurren son en Francia. Me acuerdo una vez que me fui con una amiga a un encuentro de tango, obviamente en Francia, y después de la primera tanda escuché el trocito de cortina que decía algo así: “je ne t’aime plus, mon amour” (perdón por mi francés), que significa algo así como “ya no te quiero más mi amor”. Me pareció bonito el tema y muy en la línea con el ambiente. Hasta ahí, todo bien. Al final de la segunda tanda sonó de nuevo la misma canción y pensé que el DJ se había equivocado y había repetido cortina por error. Tras la tercera tanda creí que se le habían borrado del ordenador el resto de las cortinas y que el pobre estaba en un apuro. Pero ya tras la cuarta tanda, me convencí de que o bien tenía un problema enfermizo con esa canción, o bien se me escapaba algún dato importante. Y el dato importante era que es común en Argentina y otros lugares que los DJ firmen su trabajo con un tema, y lo repitan como cortina en cada milonga que musicalizan. Me parece bien que hagan esto si lo que pretenden es dar la nota, pero si realmente quieren "poner su sello" o "firmar su trabajo" sería mejor que hicieran un esfuerzo mayor en mejorar la musicalización de la milonga en lugar de poner dolor de cabeza a los pobres milongueros.
Hace poco volví a oír ese tema de “je ne t’aime plus, mon amour” y ya no sonaba igual que la primera vez que lo oí... quizás porque después de quince veces en aquella milonga, resultó tan empalagoso y cansino que le agarré un poco de manía.
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lunes, 20 de mayo de 2013
Mate en movimiento
Era un día entre semana, y yo por costumbre ni voy a clases, ni a
prácticas ni a milongas durante la semana, ya que tengo bastante con
poner lavadoras, hacer la comida para el día siguiente, limpiar algo la casa, ir a clases de estiramientos o pilates, ir a trabajar y
ponerme al día con alguna amiga a base de cafés o tés. Pero esa semana
me apetecía hacer algo diferente, y aprovechando que había
una práctica a la que se me antojó ir, tiré de San Facebook para
coordinar con amigos y organizar un mini-convoy para ir.
Al final fuimos solo dos, número perfecto para hacer el viaje ameno, bebiendo mate todo el trayecto y poniéndonos al día sobre vidas amorosas, milongas, y otros temas, eso sí, de la "cosa" (llámese crisis españolita que no acaba nunca), ni palabra. Prohibido.
Mi amigo conducía y esta milonguera que escribe, que iba de copiloto, tuvo la difícil tarea de preparar el mate, en movimiento. Yo me dije, si he visto a argentinos prepararse mate mientras van en bici, sin quemarse con el agua hirviendo, esto es pan comido. Pero no señores, de fácil nada.
En mi papel de alumna, seguí al pie de la letra las instrucciones que me daban, para obtener el mate justo al punto. Primero saqué la yerba y el mate, que es la cosita que se utiliza para cebar el mate. Luego mi amigo se empezó a reír y me dijo que si me atrevía, tenía que echar yerba hasta llenar casi el mate y dejar como un dedo sin llenar, para que nos entendamos, como unos 2/3 de su capacidad. Hasta ahí todo bien. Luego tenía que poner mi mano encima, haciendo de tapa, y dar un golpe seco y agitar un poco al mismo tiempo que lo volteaba todo sobre mi palma, sin dejar caer nada de yerba, y luego volverlo a su posición original. Sus risas las entendí en ese punto, cuando descubrí que mi mano estaba llena de polvo, que por reflejo sacudí un poco, y en consecuencia casi me ahogo con el polvillo. Hace poco me he enterado que el mate se sacude no para quitar el polvillo -que es un mito en la preparación de mate-, sino para mezclar sus componentes. De hecho, el polvillo no es malo, sino que hace que le de un poquito de espuma al mate.
Lo difícil venía ahora. Tras inclinar el mate unos 45%, de forma que quedara inclinada la yerba, y vertir un poco de agua muy caliente, mientras bajábamos un puerto con más curvas que la calle Lombard de San Francisco, había que introducir en el medio de la yerba mojada la bombilla hasta el fondo, y seguir echando agua, aunque siempre lo más cerca posible de la bombilla. Se supone que el primer sorbo es el de los boludos o ni se cómo lo llamó, porque tomas aire más que mate, así que todo caballero él, dio el primer sorbo.
Luego siguieron más tentaciones a mi buen pulso, ya que tenía que ir echando el agua próxima a la zona mojada, pero en una zona seca, así poco a poco, hasta después de muchísimas curvas y equilibrios, terminar el agua poco tiempo antes de que la yerba seca dejara de estarlo. Por lo visto deja de tener sentido echar agua cuando la yerba empieza a flotar (lo llaman mate lavado), ya que es entonces cuando deja de tener sabor y hay que reemplazar la parte de la yerba mojada.
Todavía no entiendo porqué no iba yo conduciendo y él, el experto, preparando el mate, pero la verdad es que aprendí mucho sobre un ritual o tradición, que es muy común en Argentina y Uruguay como momento para compartir. La vida pone pruebas dificilísimas a esta milonguera, pero ¡ya se cebar unos “verdes”!
Al final fuimos solo dos, número perfecto para hacer el viaje ameno, bebiendo mate todo el trayecto y poniéndonos al día sobre vidas amorosas, milongas, y otros temas, eso sí, de la "cosa" (llámese crisis españolita que no acaba nunca), ni palabra. Prohibido.
Mi amigo conducía y esta milonguera que escribe, que iba de copiloto, tuvo la difícil tarea de preparar el mate, en movimiento. Yo me dije, si he visto a argentinos prepararse mate mientras van en bici, sin quemarse con el agua hirviendo, esto es pan comido. Pero no señores, de fácil nada.
En mi papel de alumna, seguí al pie de la letra las instrucciones que me daban, para obtener el mate justo al punto. Primero saqué la yerba y el mate, que es la cosita que se utiliza para cebar el mate. Luego mi amigo se empezó a reír y me dijo que si me atrevía, tenía que echar yerba hasta llenar casi el mate y dejar como un dedo sin llenar, para que nos entendamos, como unos 2/3 de su capacidad. Hasta ahí todo bien. Luego tenía que poner mi mano encima, haciendo de tapa, y dar un golpe seco y agitar un poco al mismo tiempo que lo volteaba todo sobre mi palma, sin dejar caer nada de yerba, y luego volverlo a su posición original. Sus risas las entendí en ese punto, cuando descubrí que mi mano estaba llena de polvo, que por reflejo sacudí un poco, y en consecuencia casi me ahogo con el polvillo. Hace poco me he enterado que el mate se sacude no para quitar el polvillo -que es un mito en la preparación de mate-, sino para mezclar sus componentes. De hecho, el polvillo no es malo, sino que hace que le de un poquito de espuma al mate.
Lo difícil venía ahora. Tras inclinar el mate unos 45%, de forma que quedara inclinada la yerba, y vertir un poco de agua muy caliente, mientras bajábamos un puerto con más curvas que la calle Lombard de San Francisco, había que introducir en el medio de la yerba mojada la bombilla hasta el fondo, y seguir echando agua, aunque siempre lo más cerca posible de la bombilla. Se supone que el primer sorbo es el de los boludos o ni se cómo lo llamó, porque tomas aire más que mate, así que todo caballero él, dio el primer sorbo.
Luego siguieron más tentaciones a mi buen pulso, ya que tenía que ir echando el agua próxima a la zona mojada, pero en una zona seca, así poco a poco, hasta después de muchísimas curvas y equilibrios, terminar el agua poco tiempo antes de que la yerba seca dejara de estarlo. Por lo visto deja de tener sentido echar agua cuando la yerba empieza a flotar (lo llaman mate lavado), ya que es entonces cuando deja de tener sabor y hay que reemplazar la parte de la yerba mojada.
Todavía no entiendo porqué no iba yo conduciendo y él, el experto, preparando el mate, pero la verdad es que aprendí mucho sobre un ritual o tradición, que es muy común en Argentina y Uruguay como momento para compartir. La vida pone pruebas dificilísimas a esta milonguera, pero ¡ya se cebar unos “verdes”!
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